MARÍA DE ALVEAR

Hace unos días escribía lo siguiente, relacionado con el estreno de La Odisea de Jorge:

A destacar el hecho de que todas las obras se hayan compuesto de forma desinteresada, por pura amistad y sintonía con las hermanas Alvear, por cuya generosidad y capacidad de empatía, a su alrededor concitan la presencia de artistas diversos que también sintonizan con el universo tan particular que han logrado generar alrededor de sus propuestas creativas. Recordemos, por ejemplo, el sello discográfico World-Edition, o la prestigiosa revista Kunstmusik, que María de Alvear realiza en Colonia y que logra reunir a su alrededor lo más destacable de las vanguardias musicales, un trabajo de difusión musical generoso del que todos nos beneficiamos.

Pues bien, ayer el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte le ha concedido a María de Alvear el Premio Nacional de Música, en su categoría de composición.

En la foto, un momento de la obra Magna Mater, interpretada en 2013 en el Festival de Música Religiosa de Cuenca, un montaje visual y sonoro que realizó junto con su hermana, Ana, y que nos ofrece una de las muchas facetas de la ayer homenajeada.

Felicidades, María, por tu trabajo y por el apoyo que brindas a tanta gente que trabajamos en torno a la cultura musical y a tantos compositores de música actual.

ENSAYO SOBRE LAS DOS RUEDAS (xxiii)

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Ávidos de glucosa

El cuerpo humano puede obtener energía de numerosas fuentes. Determinados órganos y células poseen predilección por ciertos sustratos energéticos frente a otros. Sin embargo, los mecanismos de obtención de energía resultan redundantes en el ser humano, en el sentido de que para suplir una determinada escasez el metabolismo humano puede recurrir a fuentes energéticas alternativas o no usuales en condiciones normales de aprovisionamiento. Glucosa y grasa son las sustancias alimentarias que suministran la mayor parte de la energía al cuerpo humano. Bien es verdad también que las proteínas pueden satisfacer determinadas necesidades energéticas. Las fibras musculares de contracción rápida prefieren el glucógeno (glucosa), pero las lentas consumen fundamentalmente grasas, aunque también les gusta el lactato (el corazón, por ejemplo). El cerebro prefiere la glucosa, pero en determinadas situaciones las neuronas pueden consumir ketones del metabolismo de las grasas. Sólo son algunos ejemplos que muestran nuestra versatilidad.

Nuestra genética, testigo de nuestra evolución, nos presenta un ser humano ávido por metabolizar glucosa. Nuestro metabolismo considera a la glucosa como un combustible escaso (en el ambiente original donde evolucionó nuestra especie), pero de gran valor biológico, por lo que estamos preparados para desencadenar una serie de reacciones muy precisas para almacenar y utilizar muy eficientemente la glucosa en los órganos más sensibles, por ejemplo, el cerebro y el feto humano. Hasta tal punto llega la avidez “golosa” del ser humano que nuestro cerebro posee receptores de tipo opiáceo que nos procuran placer y digamos incluso, adicción a su consumo.

Pero ¿qué ocurre cuando la glucosa deja de ser un combustible escaso y caro y se transforma, tal y como testifica la realidad alimenticia occidental, en un alimento barato, subvencionado y ubicuo?

En coherencia con la original escasez natural alimenticia de glucosa, nuestro organismo dispuso su política de consumo y almacenamiento energético. Por ello las grasas suponen el principal sustrato energético original del ser humano, tanto a nivel de consumo metabólico en reposo y en ejercicio (de moderado a medianamente intenso), como de almacenaje, ya que en contraste con los reducidos almacenes de glucosa (aproximadamente 300 gramos en músculos y 100 gramos en hígado), los de grasa, ampliamente superan el 15% del peso corporal (más de 15 kilos en una persona sana de 70 kilogramos).

Cuando la “escasa” y apetecible glucosa se incorpora en nuestro organismo se activan prodigiosos mecanismos con el objetivo inmediato de captarla y almacenarla en sus depósitos de glucógeno muscular y hepático. El proceso más destacado y conocido corresponde a la secreción de insulina por el páncreas, que estimula el consumo y almacenamiento de glucosa con objeto de retirarla lo antes posible del flujo sanguíneo y restituir sus niveles normales y apropiados para suministrar energía al cerebro. La glucosa posee un enorme valor biológico, pero resulta altamente peligrosa, precisamente por su alta capacidad oxidativa, por lo que las células del organismo no sólo poseen enorme avidez por ella, sino también mecanismos de defensa frente a momentáneas concentraciones excesivas de glucosa en sangre (resistencia a la insulina).

El cuerpo humano está diseñado para que la glucosa ingerida en pequeñas cantidades se consuma inmediatamente y se almacene como glucógeno, y únicamente en determinadas situaciones excepcionales, para que se transforme en grasa (triglicéridos) y se almacene en los adipocitos. La grasa animal fue mucho menos escasa que la glucosa durante nuestra evolución, por lo que sus depósitos no sólo son mucho mayores, sino que directamente se aprovisionaban de las grasas ingeridas en la dieta y sólo muy excepcionalmente transformando la glucosa en grasas.

Se considera que el ser humano fraguó su genética en un ambiente donde resultaba muy difícil superar los 100 gramos de glucosa diaria de ingesta (frutas, verduras, ocasionalmente miel, y no olvidemos que hasta el neolítico –hace sólo 10.000 años-, cuando ya está construido genéticamente el ser humano, no se incorporan los hidratos de carbono de los cereales). Actualmente, una dieta habitual occidental de una persona no obesa puede incorporar fácilmente más de 500 gramos de glucosa. Y si la persona es sedentaria, y por tanto, no vacía periódicamente sus reservas de glucógeno muscular, el camino anormal que recorrerá la glucosa ingerida será, tanto permanecer en la sangre más tiempo del aconsejable, como convertirse en triglicéridos y almacenarse como grasa. No me detendré ahora en las anormales concentraciones de triglicéridos y sus consabidos problemas de salud, derivados de esta anómala manera de suministrar energía al cuerpo humano, fundamentalmente con glucosa y no con grasas. Me centraré, sin embargo, en la glucosa en sangre.

…………..continuará…

ENSAYO SOBRE LAS DOS RUEDAS (xxii)

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Hidratos de carbono

Para pedalear hay que estar medianamente sano, pero la bicicleta también nos puede aportar parte de la salud requerida, y lamentablemente perdida por los malos hábitos alimenticios y físicos. La bicicleta es una actividad de resistencia, sobre todo si se acomete también como práctica deportiva, por lo que requiere un óptimo aprovisionamiento energético y alimentario. Durante mucho tiempo se ha aceptado que el tipo de alimento fundamental para mantener una rutina activa o deportiva eran los hidratos de carbono. Las recomendaciones dietéticas en occidente resultan claras al respecto. La famosa pirámide nutricional que se enseña en las escuelas y que cualquier endocrino cuelga en la pared de su consulta, avala la necesidad de consumir un elevado porcentaje de las kilocalorías diarias necesitadas en forma de hidratos de carbono. En general, más del 70% en una persona pasiva, y hasta un 85% en un deportista. La base que da estabilidad a la pirámide nutricional son los hidratos de carbono.

Cuando leí Lore of running, un magnífico libro sobre fisiología del deporte aplicado a la carrera a pie, pasé de puntillas por el capítulo dedicado a la alimentación deportiva y en concreto, sobre el consumo de hidratos de carbono. Y fue así porque en aquel libro publicado por el Dr. Noakes en el año 2002, el médico sudafricano no aportaba nada especial al margen de las recomendaciones habituales en otros libros y artículos que tratan el tema de la alimentación del atleta de resistencia y del ciclista, como hemos dicho, consumir por encima del 75% de las calorías ingeridas en forma de hidratos de carbono.

Sin embargo, hace apenas unos meses pude consultar la presentación que el Dr. Noakes realizó en un reciente congreso sobre nutrición y salud, y en la que sorprendentemente se desdecía del capítulo de nutrición de su gran libro, y asumía la opuesta de reducir los hidratos de carbono, tanto por motivos de rendimiento deportivo, como sobre todo, de salud. El Dr. Noakes iniciaba su conferencia afirmando que a pesar de haber corrido numerosos maratones, y de haber seguido una dieta saludable basada en las recomendaciones oficiales (elevadas dosis de glucosa), había empezado a padecer de diabetes recientemente, como consecuencia de haber generado una resistencia a la insulina. Ello le llevó a reflexionar sobre su alimentación y en concreto sobre el papel que juegan los hidratos de carbono, junto con las grasas, en el rendimiento deportivo y en el metabolismo energético, y a cambiar de actitud al respeto.

La conferencia resulta magnífica y la recomiendo encarecidamente, porque también dedica atención al tema del colesterol y su relación con el consumo de grasas. No afirma nada novedoso, como en el caso del “control central de la fatiga”, la hidratación o el deporte en altura, donde el investigador sudafricano ha aportado originalidad, pero la conferencia, sin descubrir nada que no hubiese sido previamente dicho por otros autores, aporta un compendio excelente que muestra de forma muy clara y estructurada, con evidentes muestras de sentido del humor, que en un tema tan tedioso resulta digno de agradecer.

Sobre los cereales, y su presencia ubicua en nuestra dieta occidental, no sólo en el pan o la pasta, sino también en forma deshidratada en el desayuno, se ha escrito abundantemente. No deseo ahora extenderme sobre el tema de las alergias o los procesos de auto-inmunidad e inflamación que puede provocar este tipo de alimentos que algunos investigadores relacionan con el síndrome metabólico y gran parte de las enfermedades de tipo inflamatorio o degenerativo que padecen los occidentales. Tampoco sobre el papel destacado que las grandes multinacionales de la alimentación (por ejemplo Kellogs, Nestle, etc) y de la producción agropecuaria subvencionada, han mantenido en la promoción del consumo de cereales, aceites vegetales y glucosa (el tristemente famoso jarabe de fructosa obtenido del maíz subvencionado de los refrescos y de las bebidas gaseosas). Tan sólo expondré, en este momento, algunas ideas sobre la relación entre el consumo de hidratos de carbono, la actividad física y la salud, sin especificar su origen alimentario, con el objetivo de criticar ese otro pilar de la práctica deportiva y de la salud que dicta consumir elevadas dosis de glucosa para estar sano y activo sobre al bicicleta.

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LA ODISEA DE JORGE

Ana de Alvear nos propone un juego de imágenes y música, a través de una narración de aparente ingenuidad en la que un discreto y emotivo robot de cuerda acomete su pequeña odisea interplanetaria. Once composiciones musicales de un poco más de seis minutos de duración, hilvanadas en una historia muda, forman el escenario sonoro en el que el robot Jorge logra sobrevivir. Se estrenó el pasado lunes, 6 de octubre, en el Auditorio del Museo Reina Sofía, repleto de espectadores. Y se volvió a representar tres días después en el mismo escenario ante un público infantil, así como el sábado en Santiago de Compostela, en el marco de las Xornadas de Música Contemporánea. En todos los casos, el magnífico Trío Arbós se encargó de interpretar en riguroso directo la música del montaje videográfico. La acogida, en todos estos eventos, fue calurosa y emocionada.

Resulta absurdo tener que justificar continuamente el que se componga y se interprete música contemporánea. Cada sociedad se merece la música que tiene, los sonidos que se componen a resultas del mundo en el que se vive. Una obviedad. Afortunadamente, los once compositores que han escrito  la música todavía están vivos. Unas obras realizadas específicamente para la ocasión, compuestas en los más variados estilos, pero que mantienen una coherencia notable con la aventura gracias al trabajo de integración de la autora, que lejos de haber confeccionado una mera yuxtaposición de piezas, un muestrario rico pero disperso de obras musicales, sin embargo, y como ella misma gusta de definir, las ha amalgamado en una especie de “sándwich musical” alrededor de guión narrativo del vídeo.

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ADIÓS A LA MARATÓN……..POR AHORA (y v)

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El pasado 23 de abril tomé la decisión de correr mi primera maratón. El 12 de junio escribía mi último post al respecto. Desde entonces han pasado 4 meses de silencio. Hasta hoy que os expongo, amigos, la decisión que adopté hace un par de semanas sobre no concurrir a la maratón de Castellón el próximo 7 de diciembre.

Durante los últimos 3 meses apenas he podido entrenar. La carrera de montaña de las 15 Millas Visigodas (aproximadamente 25 km), el 5 de julio, en la que quedé clasificado en el tercer puesto de veteranos, me dejó tocado del piramidal (o piriforme), un músculo profundo (debajo del glúteo), partícipe en la rotación, la abducción y la extensión de la cadera, y sin embargo no demasiado conocido que une el sacro con el trocanter (cabeza del fémur), y que puede provocar sintomatologías bastante pesarosas, como la conocida por síndrome del piramidal (o falsa ciática, porque sale de la pelvis por el agujero sacrociático mayor). Yo no he llegado a tanto, pero desde aquella fatídica fecha apenas he podido entrenar con tranquilidad.

Al principio intenté disminuir la carga de carrera, y observar su evolución. Pero lamentablemente, ni el reposo ha ayudado a eliminar la dolencia. Hasta andando provoca dolor. Durante el verano sólo monté en bicicleta, suavemente, en un intento de mantener la capacidad aeróbica alcanzada, pero también el ciclismo me provocaba molestias. He tomado analgésicos, antiinflamatorios, relajantes musculares, frío-calor, masajes, acupuntura, me han recolocado la cadera y el sacro, pero nada de esto ha sido efectivo. Todavía me molesta y no puedo entrenar. Aunque me recuperara hoy mismo, el nivel de forma en la carrera resulta tan reducido, que en los dos meses que restan para la maratón de Castellón, no podría prepararla con un mínimo de garantías. Por ello creo que la mejor decisión consiste en abandonar y centrar mis esfuerzos mentales y físicos en la total recuperación. Claro está que con el deseo de volver a entrenar e intentar, si el cuerpo me lo permite, enfrentarme con el reto de la maratón lo antes posible y antes de que acabe el año próximo.

ENSAYO SOBRE LAS DOS RUEDAS (xxi)

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Comer para pedalear

Existe un estrecho vínculo entre la salud y lo que se suele denominar nuestro estilo de vida: la comida, el ejercicio físico, el trabajo, las relaciones sociales, etc. Los alimentos cumplen un papel primordial más allá de su valor energético, ya que con ellos, y con el agua que ingerimos, el aire que respiramos y el sol, nuestro cuerpo humano metaboliza lo que precisa no sólo para mantenernos vivos, sino también sanos y poder acometer con garantías de éxito el esfuerzo requerido para desplazarnos a pie o montados en nuestra bicicleta.

La bicicleta nos exige energía, y que a través de la dieta le aportemos a nuestro organismo las sustancias requeridas para desplazarnos.Glucosa, vitaminas, grasas, oligoelementos, energías alternativas al petróleo que digieren los motores de explosión. Como afirma John Howard,

La bicicleta es un vehículo curioso. El pasajero es su motor.

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