ENSAYO SOBRE LAS DOS RUEDAS (x)

……………continúa…

Los escarabajos del café de Colombia

Colombia ha tenido una historia trágica. Sobre ella se ha cebado especialmente la política del garrote instaurada por el presidente norteamericano T. Roosevelt, consecuente con la interpretación cada vez más egocentrista y violenta de la doctrina Monroe, “América para los americanos” y que progresivamente derivó hacia “toda América para mí”, o sea, para los gringos. Estados Unidos, con objeto de controlar el canal interoceánico dividió el original territorio colombiano y creó el artificio de Panamá, hasta hace poco un pelele en manos del coloso del norte.

Smedley Butler, Mayor General del Cuerpo de Marines de los Estados Unidos, quizás el oficial más activo en las guerras bananeras lideradas por USA en América Latina y el Caribe, laureado en múltiples ocasiones, en 1935 escribió en su libro “La guerra es un latrocinio”:

He servido durante 30 años y cuatro meses en las unidades más combativas de las Fuerzas Armadas estadounidenses: en la Infantería de Marina. Tengo el sentimiento de haber actuado durante todo ese tiempo de bandido altamente calificado al servicio de las grandes empresas de Wall Street y sus banqueros. En una palabra, he sido un pandillero al servicio del capitalismo. De tal manera, en 1914 afirmé la seguridad de los intereses petroleros en México, Tampico en particular. Contribuí a transformar a Cuba en un país donde la gente del National City Bank podía birlar tranquilamente los beneficios. Participé en la “limpieza” de Nicaragua, de 1902 a 1912, por cuenta de la firma bancaria internacional Brown Brothers Harriman. En 1916, por cuenta de los grandes azucareros norteamericanos, aporté a la República Dominicana la “civilización”. En 1923 “enderecé” los asuntos en Honduras en interés de las compañías fruteras norteamericanas. En 1927, en China, afiancé los intereses de la Standard Oil. Cuando miro hacia atrás considero que pude haber dado a Al Capone algunas sugerencias. Él, como gánster, operó en tres distritos de una ciudad. Yo, como Marine, operé en tres continentes.

De la pasión de los colombianos por la bicicleta da testimonio el ejemplo de Bogotá, pero también el de tantos clubes ciclistas repartidos por todo el país y en los que han ido eclosionando periódicamente destacados profesionales que han triunfado en América, pero sobre todo, en los equipos europeos, desde que en los años ochenta, los llamados escarabajos, inundaran las carreteras montañosas de los Pirineos y los Alpes. Recuerdo el equipo Café de Colombia, y la figura de Lucho Herrera coronándose vencedor en el Alpe D’Huez, o en la Daphiné, por delante de Hinault y Fignon. Pero también deseo desentrañar otras historias ahora lamentablemente olvidadas, la de tantos ciclistas colombianos utilizados por el cártel de Medellín y su principal capo, Pablo Escobar, obligados, bajo amenazas a sus familias y a ellos mismos, a trabajar como muleros en el transporte de la droga hacia Europa. El mafioso comenzó su carrera en el negocio de la bicicleta, junto con su hermano “Osito” Escobar, afamado ciclista profesional, y utilizó el deporte de las dos ruedas para expandir su red y limpiar su imagen. Cycling Inquisition, el magnífico blog colombiano dedicado a la bicicleta, ha desempolvado esta historia de mafias y de crímenes, y a través de  sus páginas recordamos a los ciclistas Gonzalo Marín, Alfonso Flórez, Armando Aristizabal y Juan Carlos Castillo, todos ellos asesinados por los narcotraficantes. O los secuestros del propio Lucho Herrera y de Oliverio Rincón.

El ciclismo y las drogas. Asunto complejo, tanto en el caso que acabamos de apuntar, como en el del doping. Las mafias y las drogas. Asunto tenebroso que lamentablemente se ha cebado con grandes ciclistas. Las adicciones a la cocaína del Chava Jiménez, o de Pantani, y sus muertes dan fe de la dureza del ciclismo de élite, de la tensión a la que se ve expuesta la vida de estos colosos de las dos ruedas.

Sus biógrafos Manuela Rochi y Gianfranco Josti, escribieron al respecto en “Un hombre en fuga”, refiriéndose a esa caza de brujas hipócrita en que se ha convertido la política antidoping,

El ciclismo lo abandonó, lo arrinconó, lo trató peor que a un delincuente común. Lo etiquetaron como el corredor dopado por excelencia. Todavía me pregunto por qué a él, por qué poner en duda toda su carrera. A él, que ganaba desde que era un chaval, que había salvado el Tour y que había ganado el Tour más limpio. A él, que había resucitado el ciclismo pegando delante del televisor a miles de personas en todo el mundo. Hubiera podido reaccionar, y hubiera tenido que hacerlo, pero era demasiado débil. (…) Marco utilizaba la cocaína para castigarse a sí mismo por haber decepcionado a todo el mundo, por no haber podido estar al lado de su chica, por haber expuesto a su familia a las críticas y a la persecución de los periodistas, por miedo a haber perdido su honor de hombre y de campeón. (…) Había sido apartado como si fuera una manzana podrida y se había querido dar a entender que él era el único corrompido, mientras el ciclismo continuaba con su guion, exaltando a otros campeones al servicio del juego de las partes.

Las siguientes palabras de Pantani siempre me han resultado aterradoras, cuando recuerdo su triste final, la comedia siniestra montada a su alrededor y el inmenso sacrificio e ilusión que poblaron sus infinitas horas de entrenamiento superando el dolor de la fatiga.

Los niños me miran a los ojos y buscan en mí a un mito a quien mirar…¿Pero quién soy yo? Yo represento a un mundo hecho de hipocresía pura, contra ell cual no he tenido fuerzas para rebelarme. Hasta que no sea capaz de recuperar mi dignidad y unir a todos mis colegas para restituir el honor al ciclismo no mereceré tanto amor y tanta admiración.

No lo consiguió.

Las drogas y el ciclismo. La lucha contra el doping.  Pero al igual que en la guerra contra las drogas que lideró USA en Latinoamérica contra los cárteles y que utilizó para poner y deponer élites y controlar su patio trasero con la justificación de la moral puritana contra el tráfico de estupefacientes, cabe también realizar algunas aclaraciones importantes sobre la lucha contra el doping, y es el hecho de que no todo vale para evitar los posibles efectos negativos de su consumo. Y por tanto, una advertencia, que la ideología antidoping, como toda ley seca, resulta de una gran mojigatería.

Me gustaría recordar que el uso de drogas para los más variados objetivos sociales ha sido atestiguado hasta la saciedad a lo largo de la historia y en todos los contextos culturales y étnicos. Las drogas, las medicinas, las sustancias consideradas no naturales, cuando casi todas ellas lo son, no representan un problema por sí mismas, y poseen en cambio, un potencial de bienestar y ayuda de gran valor social. El aprendizaje cultural, la educación, el control médico y social cumplen la función de conseguir el buen uso de las drogas y de los medicamentos, evitando el abuso o el mal uso que pudiera desembocar en drogadicciones, alcoholismo, enfermedad o lo que es peor, la muerte.

………….continuará…
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