Tras el verano: “Soy”

Ha sido un verano raro, y mis vacaciones las he gastado de forma poco habitual. Como ya anuncié, he callado durante todo el mes de agosto. E incluso durante esta primera semana de septiembre me han asaltado dudas, me han sitiado las incertidumbres. Y por ello ahora propongo este texto extraño que desea afianzar algo, poner un principio en esta narración que hoy comienzo y que espero acabar otra vez allá por julio del año que viene.

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Soy

Estoy aquí y ahora. Junto a ti, al lado de otros.

No deseo saber mucho más por ahora. Intentaría abstraerme de prejuicios, creencias, ideas, estructuras. Pero ya sabes que resulta imposible. Todo bulle como en una marmita: el agua se va evaporando y ese residuo ¿soy yo?

Estoy aquí y ahora.

Soy un producto, un cuerpo fabricado que sigue creciendo. Producido y produciéndome, junto a ti y al lado de otros.

No me reconozco en esas grandes palabras sobre la humanidad, sobre el ser humano. Sólo sé de obras y cómo mis acciones influyen en las personas con las que interactúo. Podría querer saber más, ir más allá, pero por ahora me basta este reducto cercano que sin embargo no está cerrado y que se abre al resto del mundo.

Soy un producto que ayuda a fabricar un mundo. Que contribuye a ensamblar el objeto mundo que a su vez me transforma. Realmente complejo, pero evidente. Pero habito un lugar concreto que defino por mi ubicación geográfica, y por el nodo electrónico que soy en esa nube conflictual en que se ha convertido internet. A mi alrededor podría construir un volumen en el que un montón de capas expresaran la influencia recíproca que nos otorgamos el mundo y yo: dos familias de capas entrecruzadas que definirían sucesivamente las superficies equipotenciales de cuánto influyo y a su vez me influye; tanto más permeables cuanto más cercanas a mi centro.

A este volumen podríamos llamarlo esfera, o burbuja, aunque su forma sea un tanto amorfa. Pero no se parece a una mónada, que sería más bien su antítesis. Hablo de una esfera de relaciones, de influencias como síntesis o cartografía de las que rodean a cada persona, por lo que cada una de estas esferas sería el nexo persona-mundo, y todas ellas formarían algo así como un holograma.

Un holograma que se fabrica en cada momento, que evoluciona sin atender a leyes y en el que cada persona-burbuja se define no únicamente por lo que le está pasando en cada momento, sino también por la historia en la que se vio envuelta.

Eso soy yo, así me contemplo. Soy un esferoide, una burbuja un tanto deforme que se está fabricando incesantemente. Pero no soy realmente un individuo, un lobo solitario que deambula libremente por el mundo, ni una conciencia, ya que mi conciencia realmente no se la representa imparcialmente mi persona, porque la percibo transmutada por la esfera de los diferentes estados corporales que interpreto con un lenguaje que se ha creado en los intersticios de ese mismo holograma que se autoproduce.

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