BOBO Y TACAÑO

Stanilaw Lem escribió Ciberíada en el año 1965. El rey Monstrogrito gobernaba su Estado militarista con gran austeridad, “su tacañería adoptaba una dimensión verdaderamente cósmica. Para aliviar el presupuesto nacional derogó todas las penas a excepción de la capital. Su pasatiempo preferido era la liquidación de funcionarios superfluos, pero desde que había suprimido el cargo de verdugo todos los sentenciados tenían que decapitarse solos… La reforma más grande de Monstrogrito fue la nacionalización de la alta traición”.

La ciencia ficción posee a veces enorme clarividencia, y quién le iba a decir al escritor polaco-ucraniano que el presidente de la patronal de un país devastado por la corrupción, la usura y el expolio, donde el poder económico en connivencia con el político ha traicionado la confianza de los ciudadanos, iba a convertirse en vocero del rey Monstrogrito anunciando que a partir de ahora el derecho de propiedad de todas sus industrias y patrimonio iba a ser protegido por él mismo y sus capitalistas de salón, sin la mediación onerosa y superflua de policías y jueces.

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