Al mono erguido

Desde el 12 de marzo no fabrico ningún califacto. El último fue “A la barroca usanza”,  un poema que intenta imitar la estructura y el ambiente estilístico de nuestra poesía barroca, pero adaptándola a los vicios y desmesuras de Rui Valdivia. Un poema que llaman de crítica social, y que en el barroco fue tan habitual, por ejemplo en figuras como Quevedo o Shakespeare.

Este arresto domiciliario que las autoridades han decretado por nuestra seguridad, “loadas sean vuesas mercedes”, me ha alejado de mis pinturas, acuarelas, rotuladores, en fin, de todo el instrumental que utilizo para realizar las ilustraciones o pinturas que forman parte de mis califactos. Aunque este sea mi trabajo esencial, las autoridades me impiden recoger mis medios de producción. Por esta razón mi blog se encuentra un poco huérfano.

Tengo muchos poemas escritos a la espera de convertirse en califactos. Y algunos ya protestan en la cola, o me espetan que se les va a pasar el arroz. Hijos, no puedo hacer nada, “qué más quisiera yo que poder satisfaceros contra el poder mismo que me lo impide”.

En fin, que he escrito dos artículos (1+1) contra el estado de alarma, sobre todo, previendo que esta situación que padecemos no va a ser provisional y que forma parte de la nueva forma de control social y explotación que vamos a tener que soportar, o contra la que vamos a tener que luchar, durante los próximos años. Realmente no sé cómo vamos a hacerlo. Si el poder nos separa y aísla, y por otra parte, las redes sociales y el contacto virtual también se encuentran ya controlados por el poder, de qué forma las personas vamos a poder conversar y responder con libertad, cooperando y apoyándonos mutuamente. Lo ignoro. Presiento esta impotencia social. Que ojalá sólo sea mi propia impotencia de mirar la calle y no poder cogerla.

También acabo de iniciar una serie de vídeos en los que deseo comunicaros pensamientos, reflexiones, experiencias alrededor de algunos de las poesías que he escrito, y también sobre cómo encaro su representación cuando las recito en público y las convierto así en “artefactos poéticos”. A esta nueva propuesta, una forma quizás de acompañarnos en nuestros confinamientos, la he llamado “Por si no lo sabes, he pensado en ti”, fundiendo los nombres de mis dos libros de poesía, el que publiqué el año pasado y el que voy a imprimir en cuanto pueda salir de casa con el “permiso de vuesas vuecencias”.

Pero hay un poema que ya no puede esperar más. Un poco díscolo, dejo que se me escape sin dibujarlo, y lo comparto ahora con vosotros, porque ha nacido de la ruina que nos acecha, del colapso que preveo, de la impotencia que me agobia.

Aunque no me gusta, lo he titulado “Al mono erguido”.

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