RuiValdivia

Horas non numero nisi serenas

Otra derrota

A veces hay que dar explicaciones, aunque nadie las haya pedido. Y como llevo varias semanas sin publicar en este blog, y esta situación no es meramente coyuntural, sino que deriva de una reflexión sobre la idoneidad de mi proyecto, paso a explicar, que no justificar, los cambios estructurales.

En varias ocasiones ya había explicitado mis objetivos relacionados con mi trabajo y su difusión a través de este blog, desde que naciera hace seis años, en el 2012. Por ejemplo, con esta entrada celebré mi primer año en la red con 101 artículos publicados. Mi primer objetivo entonces consistió, fundamentalmente, en recopilar todos aquellos artículos que ya habían sido publicados en algún medio impreso y ofrecerlos libre y gratuitamente en la red. También en configurar mi blog como un lugar en el que colgar nuevos trabajos sin la necesidad de peregrinar por consejos editoriales, aprovechando aquella posibilidad que brindaba la red de difundir libremente el conocimiento sin intermediarios ni censores. Decía entonces:

Pienso que la mejor forma de intentar explicarse uno mismo alguna cosa oscura o compleja consiste en hacer el intento de transmitírsela a otras personas, en adoptar el papel de oyente o lector. Incluso las cuestiones más simples y que creíamos asimiladas pueden adoptar matices inusitados cuando se intentan transmitir o se escriben con cierto afán didáctico.

En enero de 2015 ya alcancé la cifra de 200 artículos publicados y aproveché para valorar esos dos años en los que ya había escrito y compartido más de cien trabajos inéditos sobre temáticas tan variadas como la literatura, la música, el deporte o la ciencia política. Manifestaba aquí mi confianza en las tecnologías libres de internet y su capacidad para que las personas nos pudiéramos convertir en emisoras de información y de creatividad. Por ello, confié mis trabajos a este medio, con el deseo de contribuir con mi actividad al reto de producir comunidades en las que el conocimiento fluyera con libertad. Y manifesté lo siguiente:

Vasallos, público, oyentes, lectores, creyentes, casi todas las figuras sociales con que nos revestimos a lo largo de nuestra vida resultan esencialmente receptoras de información. Sólo unos pocos privilegiados poseen la función social de comunicar, mandar, escribir o hacer música. La escisión entre el público y el actor en el espectáculo me parece significativa. A pesar de la evolución política y económica esta distinción funcional se ha ido agravando, a despecho de las sucesivas tecnologías de la comunicación que se han ido inventando a lo largo de la más reciente historia humana.

Y atisbé ya entonces quizás el principal objetivo que me ha animado durante estos años a continuar trabajando, el íntimo y acuciante deseo de formar parte de comunidades libres de reflexión y de acción:

Mí única ambición reside en esa vocación, en hacer amigos, compañeros de viaje, y en utilizar este medio electrónico para conseguirlo, intentando plasmar en este blog parte de mi creatividad, que no consiste en otra cosa diferente que en dejarme bañar por la creación de otros y en lanzar algunas ideas, pensamientos, opiniones y propuestas que puedan ser de utilidad en este camino de amistad y colaboración que me anima.

Seis meses después (en junio de 2015) volvía a reflexionar sobre mi papel en el mundo virtual, y lo hacía aprovechando el momento en que di de alta mi dominio, ruivadivia.net, como un intento de desvincularme de los grandes monopolios centralizadores y apostar por construir una comunidad de dominios libres e iguales, a pesar de la centralización material que los grandes servidores le imponen a la infraestructura física de la red. Confiaba en que una red de pensamiento y reflexión distribuida y libre se podría construir sobre una infraestructura de datos totalmente centralizada. Al respecto, reseñaba con las siguientes palabras el artículo de David de Ugarte, “Internet y comunidad”:

(el autor) con claridad y concisión nos expone la idiosincrasia que preside el blog como un elemento indispensable para vertebrar pensamiento, relaciones, comunidades, aprendizaje e identidad. Y también sobre la necesidad de luchar por obtener el control no sólo de lo que se dice, sino del medio en el que se escribe, la infraestructura material que es internet y que controlan unas pocas empresas muy poderosas.

Pero ya entonces atisbé, a pesar de mi confianza y optimismo, uno de los peligros que hoy me ha movido a estar cambiando de derrota:

Quizás no seamos conscientes de la importancia que posee internet para la comunicación del conocimiento, para facilitar la colaboración y la interacción social. Su efecto multiplicador resulta asombroso. Pero también su potencial para crear una cibernética política y productiva. Este último aspecto resulta indispensable para entender el conflicto manifiesto que se da entre una comunidad que desea que internet mantenga el espíritu distribuido con que se creó y a duras penas mantiene, y unos grupos de poder que luchan por su centralización, por apropiarse de cada nuevo avance tecnológico en el camino de la libertad para transformarlo en un nueva arma de control y de generación artificial de escasez.

Ahora, en 2018, percibo esta masiva centralización y control que grandes grupos económicos y de poder están ejerciendo sobre la red, su capacidad para apropiarse de esas posibilidades de libertad e igualdad que nos proponía el software libre, la economía colaborativa, el procomún o la economía social, entre otras muchas herramientas que de promesa de emancipación se están transformado, lamentablemente, en instrumentos de servilismo y explotación.

En aquella característica, la de convertir internet y las comunidades que la utilizan para la comunicación y la participación igualitaria, es por lo que incidía en “su potencial para crear una cibernética política y productiva”. Confiaba en formar parte de una comunidad de personas que fuéramos capaces de sustentar un proyecto productivo autónomo y con capacidad de influencia social. Para ello escribía y reflexionaba, para ello compartía mi trabajo, con el objetivo de crear una comunidad sostenible de iguales. En aquel momento y durante estos años había confiado en su posibilidad, en que era factible una revolución de los pequeños, de los individuos libres que a través de la red se comunican para pactar, crear y producir, y que gracias a las posibilidades que ofrecía aquella internet cuasi-distribuida, lo podíamos realizar porque la economía directa y en red nos permitía sobrevivir en un entorno económico adverso, y por tanto, convertirnos en fuente de inspiración para otras muchas comunidades de reflexión y de acción.

Ahora lo dudo.

Sin embargo, el clímax de confianza sobre aquel proyecto vital lo manifesté en diciembre de 2016, hace menos de dos años, en un artículo en el que hacía balance del año que finalizaba y en el que, sobre todo, expresaba mi ilusión por toda una serie de actividades nuevas que habían surgido alrededor de mi blog y de las redes en las que participaba.

Durante 2016 publiqué 27 capítulos de “En las fronteras del arte”, un trabajo intenso y muy pormenorizado en el que intenté destacar la importancia que posee la experimentación artística en el funcionamiento de las comunidades humanas. Fue una de mis principales contribuciones a la tarea de formar parte de alguna comunidad de producción y convivencia, el de evidenciar la utilidad del “artear” para sostener y dotar de identidad a las comunidades humanas, y sobre la necesidad de fundir vida y arte, de aprovechar todo el potencial cognitivo e imaginativo que ofrece la experimentación artística,  con el objetivo de poder fabricar mundos diferentes.

Y aunque considero que si bien el sistema de las bellas artes, o el sistema moderno del arte está moribundo, no así la necesidad de experimentar artísticamente, porque del tipo e intensidad de las experiencias artísticas que seamos capaces de crear, en conjunción con el resto de nuestras experiencias y prácticas vitales y comunitarias, va a depender la oportunidad de imaginar otros mundos, de anticipar nuevas comunidades, de revolucionar nuestros actuales modos de vida.

Incluso me aventuré a fabricar algún tipo de artefacto que sirviera a tal fin, el de ayudar a crear un imaginario comunitario, el de ofrecer imágenes de emancipación y libertad, el de vincular la emotividad con la racionalidad, el de apostar por la posibilidad de la fe, la espiritualidad y la redención en un mundo desprovisto de dioses.

Por eso, en el mes de febrero de 2016 publiqué mi primer califacto, esa mezcla de CALIgrama y arteFACTO que ahora ya suman más de 60 ejemplares, con el objetivo de ir experimentando y de convertir la experimentación artística realizada en un entorno de comunidad también en una herramienta de aprendizaje. Por esta razón, nunca me importó, que ni las palabras fueran las apropiadas al dogma poético, ni que los dibujos carecieran de profesionalidad o lirismo académico. Siempre consideré los califactos como pruebas, ensayos que iban saliendo de mi laboratorio con el deseo de que produjeran un impacto cercano en mi entorno. Sin ningún afán artístico, ni con la pretensión de convertirlos en obras terminadas que ambicionan la eternidad o el aplauso general.

Éste de los califactos también ha sido un campo de actividad intenso que nunca creí que fuera a tomar el cariz que finalmente alcanzó. Me refiero a que los califactos surgieron con gran espontaneidad e intuición, pero a medida que crecían he ido construyendo a su alrededor todo un entramado vital, de aprendizaje y de producción. Vital, porque compruebo que sin premeditación, los califactos han crecido en paralelo con “En las fronteras del arte”, y creo que este itinerario común no ha sido fortuito, sino que en cierta forma las reflexiones teóricas sobre las experiencias artísticas han nutrido la praxis de los califactos y de El Arte de las Cosas”.

Y acerca de aquel momento álgido, también recordar que entonces empezamos a colocar los primeros ladrillos de una comunidad productiva, a través de la creación de la cooperativa “El Arte de las Cosas” (con resonancias de “En las fronteras del arte”). Me consuela recordar que entonces todo lo que hacía estaba relacionado, porque el objetivo último consistía en participar en un proyecto de emancipación, en una comunidad de personas iguales y libres, y para ello escribía, reflexionaba y lo cedía todo al procomún; fabricaba califactos que pudieran inspirar la imaginación y la vida en común; e intentaba ya crear a mi alrededor una comunidad de presencia y cercanía que se basara en el funcionamiento libre de la red, porque nos habíamos encontrado gracias a la red y porque en la red teníamos uno de nuestros mejores aliados para sustentar nuestro proyecto productivo y comunitario. Así pensaba sobre ello:

Estamos creando una comunidad de productores, donde cada cual aporta un proyecto individual que acogemos como propio. La identidad sería la especial cultura que estamos generando en nuestras conversaciones y trabajos comunes alrededor de estos proyectos. Todo lo basamos en la confianza mutua. En la creencia de que los proyectos individuales sólo se pueden desarrollar en comunidad, y que las herramientas y las experiencias que compartimos y que generamos son libres y por tanto, que las ofrecemos al procomún, a cualquier persona o colectivo que desee incorporarlas a sus propios proyectos.

Motivado por el ánimo de los compañeros, incluso me aventuré a proponer un proyecto de microfinanciación comunitaria, que resultó exitoso y que nos permitió fabricar calendarios y tarjetas de califactos en el mes de diciembre de 2016. Como manifesté en la fiesta que organizamos para celebrarlo, la pretensión del proyecto fue siempre la de generar vínculos, la de sostener una actividad de experimentación artística en el seno de una comunidad y la de poder multiplicar la experiencia con una cadena de nuevos proyectos creativos.

En el mes de enero de 2017 ya configuré mi blog con las características que ha mantenido hasta hoy, sobre todo, desde el momento en que una serie de blogs amigos formamos una federación en el entorno de la sociedad cooperativa de Las Indias. Por esta razón, abrí nuevas líneas en el blog, con el propósito de intensificar la participación de las personas que se conectaban a mi blog, de modo que pudieran seguir la evolución de los proyectos y con la intención de que pudieran compartir conmigo las experiencias a las que me exponía a nivel de lecturas, música, danza, teatro, exposiciones, conferencias, cine, etc., porque entendía que ésta era una forma correcta de crear confianza a través de la red, y por tanto, que podría facilitar la posterior vinculación a través ya del contacto y el trato personal:

  • CRISI: artículos cortos de temáticas variadas, y en los que suelo exponer dudas, incertidumbres, etc.
  • Califactos: esos artilugios artísticos en continua evolución.
  • Desde mi gabinete: al modo de los gabinetes de curiosidades, recoge todas aquellas cosas variadas que suceden en mi propio gabinete: lecturas, escuchas, trabajos, borradores, bocetos, etc.
  • Por esos mundos: aquí informo de las cosas de afuera, exposiciones, conciertos, viajes, cafés, encuentros, etc.
  • Recomendaciones de RuiValdivia: breves reseñas de cosas que me han interesado a nivel de lecturas, páginas web, noticias, etc.

E incorporar, como puse de manifiesto en septiembre de 2017 (al celebrar las 500 entradas en mi blog), trabajos de más calado, de más largo recorrido. Con este objetivo, terminé la edición del “Ensayo sobre las dos ruedas” y lo publique como autoedición de la cooperativa “El Arte de las Cosas”, utilizando los “beneficios” económicos del proyecto califactos, un segundo eslabón ya de esa cadena cooperativa que entonces deseaba seguir ampliando.

Y con este fin inicié también la publicación de una serie de artículos sobre la libertad, con el objetivo de acabar conformando un “manual de uso” del pensamiento libertario, y del que ya tengo publicados en la actualidad 28 artículos bajo el rótulo ”¡Esto es la anarquía!”.

Asimismo, me entusiasmó el proyecto de itinerarios indianos, el objetivo de crear una escuela virtual de formación que utilizara la lectura estructurada en conjunción con las posibilidades de las redes sociales abiertas y libres, para crear procesos de autoaprendizaje en diferentes materias, en un entorno de gratuidad y sin la interferencia de intereses comerciales. Como se dice en el anuncio de la página web:

Nuestros itinerarios te permiten descubrir un tema a través de una serie de lecturas bien ordenadas y accesibles sin tener que dar cuentas a nadie. Y si tras el itinerario te apetece compartir tus propios hallazgos, puedes inscribirte y participar en tertulias en tu ciudad con otras personas que hicieron el mismo itinerario antes o después de ti.

Este proyecto resultaba realmente estimulante. Y así diseñamos un itinerario en torno a la experiencia del “Ensayo sobre las dos ruedas” y al que titulamos “Bicicleta y postanarquismo”. Se diseñaron 10 itinerarios, lo que creo que constituye, a día de hoy, una de las propuestas más radicales y novedosas de formación y aprendizaje en el comunitarismo y en las posibilidades que éste ofrece de encontrar formas alternativas de vida.

Estamos ya en mayo de 2018, y nuevamente hago balance de mi trabajo. Y lo publicito, porque mi trabajo siempre ha sido público, ha sido pensado y ejecutado para que gratuita y libremente pudiera ser utilizado por cualquiera, con objeto de crear una comunidad de personas cercanas y diferentes que, sin necesidad de pensar de la misma forma, fuéramos capaces de influirnos mutuamente y crear una ruta común de mejoramiento y supervivencia.

Continúo trabajando, pero es verdad que con cambios, intentando adaptar mi actividad a nuevos deseos y también al hecho de que una parte de mi proyecto vital ya no satisface las expectativas con las que  fue alumbrado.

El “Ensayo sobre las dos ruedas” ha cubierto decorosamente los objetivos económicos. Hemos recuperado el dinero invertido, lo que nos permitiría acometer otro proyecto de dimensiones pequeñas. Además, el retorno que estoy recibiendo de aquellas personas que lo han leído, me resulta provechoso y positivo. Sin embargo, en cierta forma, ha sido un fracaso a nivel social y comunitario. Organicé 10 presentaciones públicas para difundirlo. Pero más allá de la mayor o menor presencia de personas, y de que se vendieran mayor o menor número de libros, el verdadero objetivo del proyecto era el de ser un elemento de cohesión social en el debate y la reflexión, un instrumento útil para crear comunidad a través de la producción material de un libro que ayudara a mantener y crear vínculos, que resultara útil para reflexionar sobre eso que de siempre se ha llamado “una vida buena”, y que fuera capaz de reunir a su alrededor a personas potencialmente cercanas, es decir, un instrumento más en esa cadena que nos va llevando desde el narcisismo capitalista, hacia la cooperación en libertad.

El extenso ensayo que denominé “En las fronteras del arte” sobre las experiencias artísticas y lo que ellas significan cognitiva, comunitaria y políticamente, no veo que tenga en la actualidad demasiado interés. Es un libro quizás demasiado denso, a partir del cual podría sacar un ensayo más corto y directo. Pero en este momento no tengo fuerzas para hacer un trabajo de “venta” o de “promoción” editorial. Considero que este trabajo contiene una materia prima de gran valor, y de la que se podrían sacar muchas cosas de interés. A mí me ha servido para reflexionar sobre el arte y su indudable papel de transformación social, no desde los valores tradicionales del mundo del arte occidental, sino más bien como experiencias artísticas libres desligadas del mundo del arte oficial y vinculadas a la vida cotidiana y a las comunidades.

Como ya he comentado, también tuve la intención de publicar una serie que pudiera convertirse en un libro (manual de uso) sobre anarquía (¡Esto es la anarquía!), con el objetivo de explicar conceptos básicos (primero el de libertad) de forma directa y cercana, con el deseo de adaptar a los tiempos actuales lo que sobre estos conceptos han manifestado históricamente los libertarios. Pero en este momento este proyecto ya no me motiva, y a no ser que llegue algún impulso externo fuerte a nivel de apoyo o estímulo, no creo que a corto plazo vaya a tener continuidad.

Como ya comenté, comencé a publicar comentarios sobre las actividades artísticas a las que asistía, ya fueran conciertos, museos, exposiciones, teatro, danza, etc. Con el objetivo de mantener una vinculación viva con las personas que me rodean, en el deseo de estrechar vínculos, de conectar a través de las experiencias artísticas no como lo hace un crítico, sino de forma vivencial. Pero no he conseguido el retorno que anhelaba a nivel de relaciones, vínculos, comunidad, etc. Este proyecto también comienza a motivarme poco.

Y si habéis seguido la evolución de mis publicaciones en nuestro blog, ya llevo un tiempo sin publicar sugerencias o recomendaciones de lecturas. Este apéndice del blog me motivaba, porque era una forma de compartir una de las cosas que más valor tienen para mí, la lectura y la reflexión en torno a la palabra. Pero a esta actividad tampoco le encuentro demasiada utilidad, quizás porque ya casi nadie lo hace en nuestra red indiana. Yo este trabajo de ir periódicamente subiendo lecturas lo consideraba parte de mi contribución a lo que otros indianos hacíamos, ir creando una base de conocimiento compartido en torno a los temas que nos importan. Y visto que no percibo que esta actividad sea útil fuera de nuestro círculo, tampoco le he dado continuidad, y ahora es algo que tampoco me estimula especialmente.

En este momento, mantengo mi actividad en relación con la poesía ilustrada. Sigo escribiendo poemas, y cada vez con más dificultades, también dibujo. Estas dificultades no proceden de la falta de motivación, sino de la necesidad de abrir nuevos campos de expresión y comunicación, y del hecho de que no logro plasmar sobre el papel lo que mi cabeza desea. Me falta técnica, herramientas y colaboradores. Por ello ahora estoy intentando realizar espectáculos o recitales en torno a los califactos, con el deseo de encontrar, en la cercanía de las personas, en el contacto directo, ese vínculo y esa colaboración que no he logrado crear a través de mi trabajo en la red.

Los califactos son “obras abiertas”, es decir, que no nacen con vocación de permanecer fosilizados tal y como cada uno fue creado, sino de evolucionar en función de la utilidad social que se le desee dar en cada momento. Primero fueron sólo palabras, después le añadí la imagen, y desde entonces no dejo de hacer pruebas para dotarles cada vez de nueva vida: podcast con música, vídeos en youtube, etc. Y ahora la voz. En principio mi voz, a la que estoy cuidando y mimando a través de autoaprendizaje y talleres y colaboraciones intentando dotarla de naturalidad, cercanía, sinceridad. Por ello ahora estoy intentando fabricar este nuevo tipo de experiencia artística en la que anhelo vincular la palabra con la música en directo improvisada y con el vídeo basado en mis imágenes. Este es el proyecto que ahora más me motiva y en el que deseo encontrar personas cercanas con las que compartir proyectos, personas que con diferentes bagajes consigamos compartir nuestro trabajo para crear experiencias artísticas realmente transformadoras.

Sería frívolo, demasiado fácil, y muy injusto, echarle la culpa a la gente, a mis compañeros de viaje, a mis amigos o personas cercanas. Pero tampoco creo que estuviera yendo muy descaminado en la derrota entonces elegida y ahora criticada. Pero ese ente que, por pereza o simplicidad denominamos como “sistema”, consigue impedir que seamos libres en toda situación y momento, impide que podamos cooperar como iguales para elegir las cosas importantes de la vida, nos convierte en dependientes, y en esto funda la legitimidad de la que se reviste y con la que nos convence y atemoriza, y que hace posible la explotación económica que ejerce sobre todos nosotros. Y sobre mí también, claro, en la medida en que no he conseguido salir o eludir este círculo infernal en el que se basa el capitalismo y su inherente desigualdad económica, cultural y social.

La libertad se ha convertido en sinónimo de elección. Elegir es una de las características de la libertad, qué duda cabe. Pero si la convertimos en la principal, como hace el capitalismo y la democracia ultraliberal que nos gobierna, las personas nos transformamos en meros consumidores de las oportunidades que los poderosos nos brindan, nos transformamos en esa manita de cualquier red social que nos tienta con decirle “me gusta” a cualquier bestialidad, simpleza, protesta, verdad o justicia, pero sin involucrarnos en la verdadera producción del mundo en el que vivimos.

Yo deseo ser un productor, un fabricante de la mayor parte de mi mundo, y como esta tarea de libertad no es posible realizarla en solitario, siempre he deseado compartirla con las libertades de mis iguales. Sin duda, una parte del error (que no fracaso) reside en mí, quizás en mi discurso, en la manera de difundirlo, en los medios empleados, etc. Sobre ello estoy reflexionando. Pero creo que también la dificultad proviene de nosotros mismos, del mayor o menor grado con que aceptamos el mundo de relaciones desiguales en el que estamos inmersos. Porque no se trata de votar mejor o peor, o de elegir adecuadamente nuestra cesta de la compra o el país que vamos a visitar en vacaciones, de revestirnos con una determinada identidad consumista y considerar que esta coraza nos protege contra la jauría de nuestros semejantes.

Por esta razón, algunas personas cercanas, cuyo juicio me merece respeto, me han transmitido que quizás he sido demasiado intenso, que le he pedido a esa comunidad potencial que buscaba, un excesivo trabajo de aproximación, un esfuerzo cognitivo y emotivo que el sistema nos enseña a odiar y repudiar ya desde la escuela.

Pero a esa intensidad no voy a renunciar, porque en esa energía se basa la vida buena y verdadera.

Creo que estoy atravesando un período de crisis. Pero como decía al inicio de esa serie de artículos a los que llamé CRISI (en homenaje al Criticón de Gracián), las crisis poseen también un gran valor vital y de adaptación a este medio cambiante en el que tenemos que sobrevivir. Por ello, la derrota que interviene en el título de este post (“Otra derrota”) tan solo indica una pequeña perdida a nivel de “retirada desordenada de un ejército vencido”, pero en realidad significa lo que en náutica expresa, el cambio de rumbo o de dirección de una nave, que en este caso, tiene la inmensa suerte de haber acopiado gran variedad de mercancías por todos los puertos en los que he sabido fondear.

A la vuelta del pasado verano, en el mes de septiembre de 2017, y después de haber atravesado serias dificultades personales, escribí este post, del que extraigo la inspiración de sus primeras frases:

Soy

Estoy aquí y ahora. Junto a ti, al lado de otros.

No deseo saber mucho más por ahora. Intentaría abstraerme de prejuicios, creencias, ideas, estructuras. Pero ya sabes que resulta imposible. Todo bulle como en una marmita: el agua se va evaporando y ese residuo ¿soy yo?

Estoy aquí y ahora.

Y continúo.

«Otra derrota» recibió 0 desde que se publicó el viernes 18 de mayo de 2018 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Ruiz.

Deja un comentario

Si no tienes todavía usuario puedes crear uno, que te servirá para comentar en todos los blogs de la red indiana en la
página de registro de Matríz.