ENSAYO SOBRE LAS DOS RUEDAS ( xliii y último)

……..continúa…

Anarquismo solar

Quien en un determinado momento afronta el reto de montarse en una bicicleta asume un compromiso que no acepta fortuitamente, sino tras amplia reflexión sobre otros aspectos interrelacionados, como es el transporte, la crisis ambiental, la salud, la nutrición, la ética o la política. Montar en bicicleta es síntoma de un cambio, o de una evolución personal y por agregación, también social. La bicicleta se erige en un artefacto peligroso, casi revolucionario al que debemos prestar la debida atención. Por ello hemos hablado de todos estos temas, de forma un tanto holística, porque el ciudadano que decide montarse en una bicicleta para ir al trabajo ya nunca va a ser la misma persona que se transportaba únicamente en su coche. Como expresa acertadamente David Byrne,

Ir en bicicleta entre todo esto (las ciudades) es como navegar por las vías neuronales colectivas de una especie de enorme mente global. Es realmente una excursión por el interior de la psique colectiva de un grupo compacto de gente.

Por esta razón no se puede reflexionar sobre la bicicleta sin conectarla con otras realidades sociales, ya que la bicicleta además de definirse como un objeto tecnológico, atesora una capacidad de cambio político de enorme calado que hay que saber reconocer y por tanto, explotar.

Una de estas posibilidades revolucionarias tiene que ver con la estructura económica actual dependiente de los combustibles fósiles, la que se ha llamado economía fosilizada, y cuya crítica resulta pertinente abordar en relación con el uso de la bicicleta, ya que esta tecnología representa un hallazgo esencial para hacer viable sociedades más equitativas y sostenibles, cada vez más independientes del petróleo, donde las decisiones sobre la vida buena se adopten de forma distribuida evitando autoritarismos y jerarquías centralizadoras. Comparto la reflexión de Deleuze y Guattari en El Anti-Edipo, capitalismo y esquizofrenia”, allá por los años setenta, cuando el movimiento provo  holandés comenzó también su lucha política en torno a las bicicletas blancas.

Es evidente que cosas tan diferentes como el monopolio o la especialización de la mayoría de los conocimientos médicos, la complicación del motor de automóvil, el gigantismo de las máquinas no responden a ninguna necesidad tecnológica, sino tan sólo a imperativos económicos y políticos que se proponen concentrar poder y control en las manos de una clase dominante. No se sueña con un retorno a la naturaleza cuando se señala la inutilidad maquínica radical de los coches en las ciudades, su carácter arcaico a pesar de los gadgets de su presentación, y la modernidad posible de la bicicleta, en nuestras ciudades tanto como en la guerra de Vietnam.

Hemos comenzado con la bicicleta, continuado con el transporte, el ejercicio físico, la nutrición, el agua, la agricultura y hasta el conocimiento. Y continuamente nos hemos referido a la energía, no sólo a la cantidad, sino sobre su procedencia, en la medida en que no sólo la eficacia de su uso, sino la sostenibilidad de su empleo, influyen en los modelos económicos y en la viabilidad y justicia de las estructuras de poder existentes.

Hemos criticado muchos conceptos sagrados. El ciclista es un hereje. La bicicleta es un instrumento revolucionario de primer orden, y como hemos afirmado, quien comienza a pedalear acaba poniendo en duda y dándole la vuelta a multitud de certezas vinculadas con la injusta sociedad contra la que la bicicleta entra irremisiblemente en conflicto.

Hemos atacado al automóvil, lo que es y lo que significa, y la santa alianza que los grandes emporios económicos del petróleo, la industria del motor y las constructoras, con la aquiescencia y apoyo del Estado, han fraguado para coartar la libertad de los ciudadanos. Una economía fósil de la escasez que contrasta con el anarquismo solar que representa la bicicleta, la abundancia de una vida solar.

Y hemos criticado cómo nos alimentamos y cómo bebemos, no sólo desde el punto de vista de nuestra salud, sino también sobre cómo afecta nuestra nutrición a la salud del planeta y a la justicia entre sus ciudadanos. La bicicleta es equidad y por tanto, ese motor humano que la mueve debe valorar cómo la energía y el combustible que empleamos para desplazarla afectan al equilibrio de ese planeta que también gira y rota.

Hemos propuesto rediseñar nuestra ciudades, invertir el sentido de las políticas, apostar por un nuevo modelo de alimentación, por nuevos valores ciudadanos, por una reconsideración del papel que las drogas y las sustancias consideradas dopantes cumplen en nuestra salud y bienestar psíquico, atacar los grandes emporios de la alimentación, la agricultura industrial, el petróleo o las farmacéuticas, que por culpa de su ingente poder mediático y económico, y a las enormes subvenciones y apoyo recibido desde los gobiernos, se han convertido en los grandes enemigos a batir que con sus decisiones están poniendo en peligro la viabilidad de la vida humana sobre este planeta.

La sencilla bicicleta, la discreta. A lo largo de nuestra historia hemos empleado multitud de artilugios para el transporte. Hasta que el carbón empieza a utilizarse en la máquina de vapor, el movimiento humano tuvo su origen directo en la energía solar, ya fuera por la energía extraída de los alimentos que nosotros o nuestros animales de carga ingeríamos, o por el viento que empujaba las velas de los barcos. Y sorprendentemente la bicicleta se inventa en plena vorágine de los sistemas de transporte basados en la energía fósil, de los ferrocarriles y luego de los automóviles, también de los barcos, en un principio movidos con carbón y finalmente con petróleo. La bicicleta, esa rara avis que desde su invención plantea una crítica, un interrogante, una ruptura en los derroteros que la humanidad está tomando. Y durante estos 150 años de vida la bicicleta no ha dejado de sembrar el desconcierto entre los apóstoles del capitalismo fósil. Y sobre la bicicleta el ciclista, ese motor humano, cibernético, pedaleando contra el mundo y por el mundo.

Más de un siglo de bicicleta, y todavía el poder no ha sido capaz de resolver la paradoja que representan la bicicleta y su ciclista, como esos amerindios subyugados por la fascinación de los centauros hispanos desembarcados en sus costas, poseemos una magia que nos convierte en dianas a perseguir y a desprestigiar, extraterrestres que venimos a tomar posesión de un mundo cada vez más enloquecido, sucio e inhumano.

Con este ENSAYO SOBRE LAS DOS RUEDAS he intentado abrir un camino, y mostrar que la crítica resulta no sólo posible, sino necesaria, que no sólo el fémur y las caderas están conectadas con los platos y las bielas, sino que también nuestro cerebro expande sus conexiones neuronales a ese artilugio mecánico que es una bicicleta, que como una prótesis posibilita y nos capacita a destruir y construir otro mundo.
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Ensayo sobre las dos ruedas (xliii y último) by Rui Valdivia is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial 4.0 Internacional License.

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