Bye Bye Germany

Tras la II Guerra Mundial unos cuatro mil judíos supervivientes de los campos de concentración decidieron quedarse a vivir en Alemania, y no comenzar una nueva vida en Estados Unidos o en Israel. La película “Bye Bye Germany” se desarrolla en ese momento histórico en el que los judíos liberados están esperando, en una especie de campos de refugiados, la decisión sobre qué hacer, a dónde ir.

La publicidad define esta película como una comedia. Una vez vista, no me parece ni cómica ni graciosa. Lo que sí ocurre es que el director no dramatiza, no incide en los aspectos truculentos, y destaca los deseos de vivir, de superar el pasado de forma positiva. Es una película de actores o de personajes, de planos cortos, diálogos, miradas, que dice que se basa en hechos reales, y sobre todo, en una novela que los narra. Existe una buena caracterización de las distintas personalidades, hombres solos que intentan comenzar de nuevo y dotarse de papeles, dinero, medios e ilusiones para afrontar el futuro. A todos los supervivientes les asalta la culpa por continuar vivos, cuando tantos otros amigos y familiares quedaron en el camino. Creo que lo más valioso de la película reside en el tratamiento que le da a este fenómeno y cómo cada personaje lo afronta.

Un poco de libertad

El más adecuado indicador de nuestro grado de libertad se da en relación con nuestra capacidad para producirnos, para configurarnos como individuos o sujetos de forma autónoma, porque el ser humano es el animal que se hace, que continuamente se está construyendo a sí mismo a través del experimento.

Todos los seres vivos poseen libertad. Porque una propiedad inherente a la vida consiste en ser capaces de transformar la propia estructura vital en consonancia o coevolución con los cambios que cada ser viviente provoca en su ambiente natural y social. La libertad no precisa, en principio, de la conciencia, y por tanto, de una voluntad objetiva con perspectiva celestial sobre la estructura del individuo y de su ambiente. La libertad no es sólo elección, sino acción. La libertad no es únicamente algo pasivo y autorreflexivo, sino la expresión del conflicto de cada ser vivo en el ambiente social y físico-químico en el que vive.

La fuerza vital más intensa que domina la vida es la autonomía. Es la propia materia de cada individuo (sea célula, ameba, insecto o mamífero) la que al conformarse de esa especial forma negaentrópica que es la vida, la que se anima de esa necesidad de autonomía, como una fuerza que subyace a la misma evolución. Toda vida genera una frontera (una membrana) más o menos permeable con el ambiente que la rodea. La autonomía es la esencia de esa frontera, porque no puede existir la materialidad de un dentro y de un afuera sin que el concepto de autonomía esté presente en las leyes que rigen cada vida o frontera.

Libertad y autonomía son dos conceptos intercambiables que podremos utilizar según nos convenga en cada situación o materia de nuestras reflexiones o decisiones. Carece de sentido especular si el determinismo anula la libertad, o si el egoísmo nos exige el deseo de libertad absoluta y total autodominio. La libertad se da en la propia definición de membrana (o frontera), y con sus leyes físicas y químicas que actúan como parte esencial de su funcionamiento. La imaginación humana nos hace volar en bucles iterativos de contradicciones y suposiciones, de experimentos mentales que forman también parte de nuestra propia noción de libertad, de la componente más humana de la autodeterminación.

Toda vida es una experimentación. Todo ser vivo experimenta. No puede existir vida sin experimentación y sin memoria de la experimentación, y por tanto, sin transmisión de experiencia. Experimentación, libertad y autonomía, son los elementos consustanciales a ese ensayo incierto en que en esencia consiste toda vida, la humana y la de cualquier otro ser vivo.

A veces a la libertad se la identifica con el deseo de evasión, con el anhelo de conseguir que nada influya o presione sobre nuestras decisiones, ni otros seres, ni las propias leyes de la naturaleza. Esta manera de operar carece de interés y genera monstruos. Más bien la libertad se conecta con la idea de superación, o de transgresión, inherente al mismo concepto de autonomía y de frontera. Porque ese afuera y ese adentro que separa y conecta cada membrana no son absolutos, sino que la propia membrana permite que cada individuo interactúe, pero no como algo predefinido e inconmovible, ya que cada vida y cada ambiente exterior a cada vida, se forma y se estructura en esa misma interacción agonística, es decir, transgresora, porque siempre las partes externa e interna de una membrana se mantienen en tensión con el objetivo de superar y así mantener la propia frontera y “penetrar” en el otro. No puede existir membrana sin tensión osmótica.

Hay momentos en los que las fronteras se comparten, las membranas se abren y se produce la unión de dos adentros. Una particularidad de la vida consiste en esa capacidad de unir fronteras para formar otras compartidas y diferentes. Las fronteras se abren, se comparten y se vuelven a cerrar en los procesos de transmisión de la memoria y de la experiencia. El más evidente, la fabricación de descendientes, el mismo proceso de procreación y multiplicación de la vida en el que las células seminales se abren y comparten su material genético.

Cada ser vivo se construye a sí mismo. Pero no se fabrica según un plan predeterminado. De dos protozoos no puede salir un mono, evidentemente. Pero eso no significa que la nueva célula se vaya a construir esencialmente igual que sus progenitores, como si los genes fueran los planos de un edificio. Cada ser se construye en la experimentación y en el aprendizaje. No somos dueños absolutos de nuestras personas, de lo que somos y en lo que nos vamos a convertir.  La genética, el aprendizaje y la educación, el trabajo y el ocio nos configuran de una determinada forma de la que somos también responsables, porque nuestra libertad, más o menos influida por las necesidades y los poderes existentes, la estamos utilizando continuamente para actuar. Creo que el mejor indicador de nuestro grado de libertad se da en relación con nuestra capacidad para producirnos, para configurarnos como individuos o sujetos de forma autónoma, porque el ser humano es el animal que se hace, que continuamente se está construyendo a sí mismo a través del experimento.

No existe una situación de partida u original desde la que plantear la autonomía o la libertad. Las condiciones objetivas en las que cada ser evoluciona componen la estructura que auto-produciéndose ansía hacerlo en libertad, o lo que es lo mismo, deseando producirse y crearse a sí mismo con la máxima autonomía. El mismo concepto de libertad humana se nutre de esta construcción contingente de cada individuo según su cultura, historia, aprendizaje, trabajo, etc., y sobre cómo esa materia dúctil y plástica que es el cerebro humano ha ido creciendo y modelándose en función de las percepciones, estímulos y acciones que cada sujeto ha desarrollado a lo largo de su vida, de su crecimiento y evolución única y original.

Cada persona se construye a sí misma. Estamos en proceso continuo de fabricación. Cada individuo que somos atiende a un estadio o momento o reflexión sobre cómo estamos hechos en ese momento y hacia lo que parece que nos vamos encaminando. La libertad humana quizás se expresa en nuestra capacidad para analizar en qué nos estamos convirtiendo y en las acciones que adoptamos ante esta constatación.

Las cosas que nos ocurren, las percepciones, las formas de trabajo y de ocio, la educación, el arte, todo lo que acontece alrededor y a través de nuestra membrana-frontera no sólo nos influye o se integra como memoria y experiencia, sino que nos transforma, nos altera el mismo cerebro y los mismos órganos de percepción y reflexión sobre los que asentamos el juicio y nuestra necesidad de ser libres, la orientación que deseamos darle a nuestro esfuerzo por emanciparnos. Por esta razón, afirmaba que no existe la libertad como concepto absoluto, sino como algo que se construye a lo largo de la vida misma, concreta y original de cada individuo. Lo que no quiere decir, en ningún caso, que lo haga como un autista o un solipsista, porque como también afirmábamos, todos los seres vivientes se construyen en la frontera y por tanto, que no podemos aislar el dentro y el afuera de nuestra membrana para construir un antes y un después, una causa nuestra y sagrada que se enfrenta a un entorno ajeno que nos resbala y no nos moja.

Por ello, la libertad se expresa en esta síntesis entre los dos términos de la frontera, en este acople estructural entre lo que vamos siendo y lo que va siendo el ambiente social y natural, en cómo nuestras acciones nos transforman y a su vez alteran el medio con objeto de convertirlo en un entorno más habitable acorde con nuestra libertad.

El concepto de libertad ha dado frutos diversos: liberal, libertario o libertino, entre otros. Se emparenta con el adjetivo libre, que procede del verbo libar, que en tiempos antiguos significaba derramar sobre el fuego o el altar el líquido ceremonial de ofenda a los dioses, previa degustación por parte del oferente. La libertad, por tanto, es un acto generoso, una acción compartida de unión o vinculación, un flujo de conexión que en un mundo ya sin dioses deseamos que se realice entre iguales.

Recomendaciones de Ruivaldivia para el lunes 25 de septiembre de 2017

  • Desmontando mitos sobre el trabajo en equipo
    Algunas reflexiones muy interesantes sobre el trabajo en equipo, el trabajo colaborativo y el distribuido, sobre la necesidad de aclarar los términos y sobre las condiciones que deben cumplirse para que sea efectivo.
  • Tapepoetry: los mejores poetas publican en cinta adhesiva
    Una forma original de publicar poesía usando cinta adhesiva y utilizando los muros de una ciudad.
  • El panorama actual del libro anarquista. Buceando entre editoriales
    Existe un discreto panorama de editoriales y librerías especializadas en difundir el pensamiento anarquista. Aquí se da un vistazo a este mundo marginado que posee, sin embargo, tantos pensadores y activistas de interés.
  • Quebec's Vacant Church Buildings Resurrected as Community Spaces
    Las basílicas del Imperio romano se transformaron en iglesias cristianas. Quizás sea hora de empezar a convertir muchas de las iglesias occidentales en lugares de usos múltiples.
  • ¿Por qué duele tanto el rechazo?
    El rechazo, o la negativa del otro a aceptarnos o a decirnos que sí, conlleva casi siempre algún tipo de sufrimiento. Aquí se analiza la base científica de este malestar, pero también algunas consideraciones de sentido que común que deberían guiarnos para mitigar sus efectos. Y es que una negativa o la indiferencia no sólo dependen de quién las sufre.

Nuevo curso

Septiembre. O un nuevo curso; otra temporada: planes. El otoño nos puede poner un poco melancólicos. Y aunque ni llueve, ni las hojas caen como antes –topicazo-, a muchos nos da por meditar para ordenar un poco el tiempo y organizar rutinas, proyectos y objetivos.

El más claro debería ser la edición de mi libro, el “Ensayo sobre las dos ruedas”, que ya está maquetado y con las pruebas de impresión realizadas. Estoy pensando en editar 200 ejemplares. Tendré que realizar una pequeña inversión para imprimirlo, pero confío en que la venta sea exitosa. La base del libro está en mi blog, pero ha sido revisado y adaptado para la ocasión. Espero que la posibilidad de adquirir una edición en papel sea un aliciente adecuado para las personas que lo seguisteis a través de estas páginas electrónicas. Estoy dándole vueltas al modo de hacer la difusión y la distribución, ya que la venta la tendremos que realizar de forma artesanal y muy personal.

Esta primera experiencia de autoedición me servirá para valorar la oportunidad de editar en papel ese otro trabajo que ya concluí en mi blog: “En las fronteras del arte”.

Todavía me estimula seguir realizando CALIFACTOS (a los que les voy agregando música y recitado), así como la serie CRISI, esos artículos un tanto abiertos y en los que planteo mis propias dudas e interrogantes sobre diferentes temas. El último fue sobre la violencia revolucionaria.

También continuaré transformando algunos artículos en podcast, una manera de darles mayor difusión y facilitar su lectura-audición.

Y por supuesto, seguiré con las series DESDE MI GABINETE, donde voy exponiendo la evolución de trabajos y actividades que realizo en mi pequeño taller casero, y POR ESOS MUNDOS, sobre lugares en los que experimento con la música, la bicicleta, el deporte, los amigos, el teatro, el cine, etc.

Como recordáis, el año pasado por estas fechas lancé el proyecto de financiación comunitaria (crowdfunding) en torno a los calendarios y las tarjetas de felicitación que utilizan algunos CALIFACTOS como motivo. Fue un trabajo intenso, con su punto de incertidumbre, y que gracias a vuestro apoyo pudimos concluir con éxito. Pero he decidido no repetir. Quizás, y si algunos estáis interesados en tener el año próximo otro calendario de califactos (una selección de los publicados durante 2017), podría realizar una edición reducida a demanda. Aquellos que deseéis tenerlo, podríais enviarme un correo (10milesa40@gmail.com) en el que especifiquéis el número de ejemplares que queréis. Y en función de la cantidad a editar pediría presupuesto y os lo transmitiría.

Mi blog tiene ya 498 publicaciones, muchas de ellas artículos que superan las 3 páginas, lo que supone realmente un gran tiempo de trabajo y dedicación, que realizo con sumo gusto y placer, porque me motiva para continuar aprendiendo, reflexionar y acometer nuevos proyectos y retos. También esta es una forma de reunir personas, de mantener contacto y fabricar una pequeña red de intereses y expectativas comunes.

Pero a pesar de todas estas variadas y pequeñas actividades, siempre me tienta realizar trabajos más ambiciosos y demorados en el tiempo, acometer algún proyecto que en cierta manera vertebre mi actividad durante un período más dilatado. Así surgieron el “Ensayo sobre las dos ruedas” y “En las fronteras del arte”, dos ensayos por entregas al que estoy tentado de agregarle otro durante esta temporada que ahora se inicia. La temática creo que la tengo ya. Pero mantengo todavía mis dudas sobre mi capacidad para realizarlo, para no quedarme atascado en el camino. Sería otro ensayo, claro. Y la imagen que me ronda la mente al respecto es la siguiente: ¡Esto es la anarquía!

Una quinta y una flauta mágicas

Resumo dos experiencias musicales recientes. La del viernes pasado en la inauguración de la temporada de la Orquesta Nacional de España, en la que asistí a la interpretación de la Quinta sinfonía de Mahler, y ayer, que fui al cine para presenciar en directo la retransmisión de la inauguración de la temporada del Royal Opera House de Londres, con La Flauta Mágica, de Mozart.

Siempre que tengo la oportunidad de escuchar la quinta la aprovecho. Es una de esas sinfonías redondas, a la que identifico con numerosos momentos memorables. Un lujo de obra que nunca decae y que te envuelve en emociones contradictorias y nunca banales. A la ópera de Mozart me acompañó mi hija, y tanto por esta circunstancia como por la de ser una obra tan exquisita e ingenuamente pródiga de símbolos y humanidad, disfruté como un auténtico niño.

Violencia revolucionaria

¿En un mundo cada vez más sometido a la violencia arbitraria de terroristas y Estados, qué lugar tendría que ocupar la violencia revolucionaria? ¿Cómo distinguir esta violencia revolucionaria de otras tan actuales que no buscan la justicia o la libertad para todos, sino fundamentar otras injusticias y otras desigualdades?

Estoy leyendo a Luigi Fabbri, un escritor y activista libertario que vivió entre los siglos XIX y XX, su libro “Comunismo libertario o capitalismo de Estado”, en el que defendía la utilización de la violencia con fines políticos y educativos durante aquellos años revolucionarios de la primera mitad del siglo pasado. Frente a la violencia institucional de los Estados capitalistas, él contraponía la violencia de los explotados para expropiar e imponer unas condiciones justas, libres e igualitarias en las relaciones sociales y económicas. Leer estas palabras hoy, en una época en la que se ha impuesto casi como un dogma el mal inherente a cualquier comportamiento violento, y como una actitud ética elevada el ser pacifista, estos párrafos pueden resultar hirientes y brutales, una oda al terror y a la justicia arbitraria.

Hemos desterrado, como una actitud ética plausible, el tomarnos la justicia por nuestra mano, no sólo en las reparaciones individuales, sino también en los conflictos públicos o políticos. Nuestro imaginario, al respecto, está plagado de imágenes de linchamientos que nos han vacunado contra el ejercicio libre de la violencia. El papel de Hollywood ha sido ejemplar en la educación política contra la justicia del populacho. Cuántos juicios populares sumarísimos de hordas salvajes que en un delirio de violencia y venganza toman la cárcel para ajusticiar a un preso que en muchos casos acaba siendo inocente, y que siempre es defendido por un ejemplar y digno servidor de la ley. Correcto, el que seamos capaces de acordar procedimientos públicos y transparentes para esclarecer los hechos parece una actitud más idónea que la opinión o el racismo o el prejuicio para establecer responsabilidades e indagar en los hechos reales.

La legitimidad estatal en el uso de la violencia quiere basarse en esta premisa del procedimiento legal, en la necesidad que poseen los Estados de ser los únicos actores violentos y en la asunción, a veces problemática, de que los órganos estatales creados para instituir justicia operan sin arbitrariedad y con total objetividad y transparencia.

Pero, ¿qué ocurre en aquellos casos en los que no existe un procedimiento legal, qué actitud debe adoptar una persona respecto al uso de la violencia para reparar o defenderse de otra violencia o de una injusticia sobre la que el Estado no ha confeccionado un procedimiento, y sobre la que no sólo se desentiende, sino que en muchos casos incluso emplea su propia violencia legítima estatal para proteger al explotador o al injusto? Si recurrimos otra vez a Hollywood, no creo que existan muchas películas en las que un empresario injusto y explotador que se aprovecha del asalariado y le impone condiciones lamentables de trabajo, sea linchado-expropiado de su propiedad industrial por sus trabajadores-víctimas. Tampoco veo por ningún lado al funcionario de la ley dispuesto a hacer justicia pública, con luz y taquígrafos, sobre estos espacios de extorsión económica y moral a través del trabajo.

Creo que es aquí, en este ámbito de la justicia, en el que el escritor anarquista italiano funda su apelación a la violencia revolucionaria, como ese pueblo de Fuenteovejuna que reclama justicia, y porque no existen delegados estatales que la hagan cumplir, se la toma por sus manos para solaz y regocijo de cuantos espectadores, violentos o no, hemos presenciado esta obra teatral durante los últimos 300 años. Como todos sabemos, en el drama barroco el rey acabará avalando el crimen del comendador como algo legal, aun cuando desconozcamos si articuló un procedimiento contra tales excesos, cosa que nunca consentiría la violencia revolucionaria, precisamente erigida para instaurar un régimen en contra u opuesto a este Estado concreto, o incluso, en el caso de la anarquista, al margen de cualquier Estado. La violencia revolucionaria, por tanto, se realiza para legitimar otro estado de cosas opuesto al actual, porque el marco legal y político existente impide que tal cosa pueda ocurrir por procedimientos legales. El Estado, aunque sea democrático, jamás utilizará su violencia contra sí mismo, nunca se suicidará. El revolucionario recurrirá a la violencia en legítima defensa de sus derechos.

En los Estados democráticos actuales existen muchas decisiones, sobre todo las que marcan los términos globales y los tiempos del juego, que son extralegales, que se manifiestan a través de una serie de balances de poder entre élites políticas y económicas, al margen del refrendo popular, que viene al final, cuando todo ya está escrito y se desencadena una campaña mediática cuajada de sentimiento y vehemencia con el único propósito de aprobar, por ejemplo, una Constitución que siempre posee por objetivo máximo la protección de la propiedad privada, con independencia de la explotación a la que los propietarios someten a los no-propietarios. Todos los recursos a derechos, patrias, naciones, razas o religiones, todo el armazón ideológico que se construye para legitimar los Estados capitalistas se realiza para llevar a cabo la mejor protección de la propiedad privada, y por esta razón, ningún particular podrá apelar a la protección violenta del Estado por ser explotado por un propietario que ejerce el libre ejercicio del derecho a disponer de su propiedad.

El salario mínimo no es justicia, sino caridad y subsistencia precaria, y todos los derechos sociales y económicos reconocidos constitucionalmente nunca podrán ser ejercidos ante los tribunales. No existe procedimiento para que un individuo ejerza su derecho a la vivienda o al trabajo, que siempre dependerá, en última instancia, de la coyuntura económica y del reparto de la riqueza, de las desigualdades e injusticias de todos los días en el denominado mercado laboral.

Los Estados sociales y de derecho, ergo capitalistas, entrarían en contradicción si establecieran una legislación, y por tanto, unos procedimientos que al mismo nivel que los penales para “delitos comunes”, establecieran el nivel de explotación al que se ven sometidos los trabajadores y que en consecuencia, fijaran unas penas entre las que tendrían que contemplarse la expropiación de la propiedad y su devolución a los trabajadores explotados. Qué duda cabe, existen algunas leyes de protección, pero que operan lateralmente y nunca atacando el fondo del problema del reparto de la riqueza en relación con el trabajo empleado para conseguirla, cuestión ésta que lejos de dirimirse en los tribunales se solventa en la selva del mercado. Si el mercado laboral es la jungla y funciona con independencia de la legalidad, y si el Estado se proclama garante violento de su correcto funcionamiento en virtud de la defensa a ultranza del derecho de propiedad, ¿existía alguna otra forma de defender la justicia en el trabajo, allá a comienzos del siglo XX, si no mediante una violencia revolucionaria que fuese capaz de torcer las normas del juego social? ¿Qué lecciones cabe extraer de aquellas experiencias y de sus consecuencias a la luz de la historia más reciente y de la situación de desigualdad estratosférica del mundo actual? ¿En un mundo cada vez más sometido a la violencia arbitraria de terroristas y Estados, qué lugar tendría que ocupar la violencia revolucionaria? En su último libro el Comité Invisible afirma que “Todas las razones para hacer una revolución están ahí”. Es cierto, pero ¿una revolución que tenga que utilizar necesariamente la violencia para transformar la realidad? ¿Cómo distinguir esta violencia revolucionaria de otras tan actuales que no buscan la justicia o la libertad para todos, sino fundamentar otras injusticias y otras desigualdades? Quizás como afirma Fabbri, “La violencia es un medio que asume el carácter de la finalidad en la cual es adoptada, de la forma cómo es empleada y de las personas que de ella se sirven.”

Recomendaciones de Ruivaldivia para el sábado 16 de septiembre de 2017

  • De los límites a las fronteras, o la esencia de la transgresión en ciencia
    Artículo que aborda el tema de la transgresión en al ciencia, fundamental para avanzar, y sobre el concepto de frontera y de límite y la importancia de la rebeldía, la curiosidad y la crítica para expandir los límites del conocimiento.
  • Chema Madoz presenta su 'Ars Combinatoria' en San Sebastián
    Quien tenga la fortuna de pasar por Donosti, que se acerque, por favor,a ver las fotos de Chema Madoz. Resultan sorprendentes, llenas de significados y de perplejidad, de la que nos hace reflexionar y encontrar conexiones inauditas.
  • 'I want you', ¿quién diseñó este famoso cartel americano?
    Sobre cómo la acumulación de dos bromas y un poco de inventiva e imaginación, sirvieron para crear el famoso logotipo del Tío Sam.
  • El ser humano pudo crear el desierto del Sáhara
    Investigación muy interesante sobre las relaciones entre el clima, el ser humano y el desarrollo. En este caso sobre la influencia que pudo tener el pastoreo excesivo en la transformación del Sáhara.
  • SOLE: internet y una gran pregunta (no se necesita más para aprender)
    Se critican demasiado alegremente las tecnologías informáticas en relación con la educación, pero esta experiencia demuestra las enormes posibilidades que ofrecen desde la base del autoaprendizaje y de la cooperación, fomentando la curiosidad y la búsqueda autónoma de conocimiento: "Aunque se hable de aprendizaje autoorganizado no ha de entenderse desde el plano individual sino colectivo…SOLE mejora numerosas capacidades entre los chavales como la lectora, las habilidades de comunicación, la utilización de las TIC, pensamiento crítico, la capacidad de hacerse preguntas, el trabajo en equipo, la autonomía y la seguridad en sí mismos".