Recomendaciones de Ruivaldivia para el lunes 27 de noviembre de 2017

  • Nathalie Miebach: Art made of storms
    Casi todo puede convertirse ya en arte. En este caso los datos meteorológicos procedentes de las tormentas. La artista convierte estos datos en esculturas-partituras que un cuarteto de cuerda es capaz de leer e interpretar, de transformar en música.
  • Medio siglo de la demanda de alimentos en España
    Estudio que analiza las importantes variaciones que se han producido en España respecto a nuestros patrones alimenticios y a la evolución del gasto en alimentación. Recuérdese, por ejemplo, que en los años 60 del pasado siglo los españoles teníamos que gastar de media casi el 50% del suelo en alimentarnos. Ahora apenas el 17%.
  • Los problemas de ser joven en España
    A través siete gráficos se advierte de forma clara los problemas económicos, laborales y de bienestar a los que se enfrentan los jóvenes españoles. Muy claro e ilustrativo.
  • Tecnefón, la máquina parlante
    Interesante aparato de producción de voz sintética inventado por un gallego del siglo XIX. Y la incomprensión y palurdez de los académicos del momento que no supieron vislumbrar su oportunidad.
  • La Fala: La lengua secreta de 5.000 extremeños
    Curiosa pervivencia de una lengua mitad portugués y gallego. ¡Independencia ya para estos extremeños!

Sobre mi libertad

La libertad siempre se realiza contra algo que se resiste a ceder, en conflicto con la estructura de poder que nos limita y que a su vez nos fabrica de una determinada forma. Esto último provoca que sea difícil asumir de forma rebelde y activa nuestra situación actual de libertad, porque en cierta manera todos estamos dominados por algo que está inscrito en nosotros mismos, en nuestra misma forma de pensar, razonar y desear.

El deseo de libertad es universal. Pero cada libertad es distinta, construida histórica y materialmente alrededor de nuestras experiencias individuales y colectivas, de las posibilidades de la tecnología y de los marcos sociales, políticos y culturales en los que cada individuo vive y expresa su deseo de libertad.

Cada uno de nosotros queremos y aspiramos a muchos tipos diferentes de libertad. Cada poder y cada autoridad construyen también una libertad para nosotros, un marco práctico entre cuyas fronteras nos podemos mover con cierta autonomía. Habrá muchas personas a las que esta construcción autoritaria les parezca correcta, que se sientan cómodas y vean satisfechas sus expectativas y deseos con las herramientas y procedimientos que los poderes habilitan para que las personas expresemos una libertad que, a su vez consolida al mismo poder que la permite y la apoya. Otras no, por supuesto, sobre todo aquellas personas que sienten que este marco de libertad resulta injusto, que consideramos que distribuye las libertades de forma desigual o que deja poco margen para que los individuos podamos definir otras normas sociales y colectivas en las que deseamos expresar nuestra libertad.

Pero los poderes que crean estas libertades no sólo construyen el marco procedimental, o sea, las leyes, las normas, el mercado, las instituciones, etc., sino que también pretenden, a través de la educación, la cultura, la propaganda, las vivencias, construir individuos coherentes con su idea de libertad, con el tipo de libertad que tiende a consolidar la autoridad vigente y el privilegio concomitante a ella.

Cada individuo no es depositario de una libertad universal, de un deseo común de libertad propio de todo el género humano y que algunos creen que se ha expresado de forma inalterable a lo largo de toda la historia de la humanidad. Cada individuo se ha construido en un ambiente, y acorde con esta plasticidad cerebral, cada persona expresa sus deseos de libertad. Por tanto, la libertad resulta coherente con la forma en que cada sujeto ha sido fabricado socialmente, cómo sus conexiones neuronales se han ido conformando en el ambiente perceptivo en el que ha vivido. Esto hace que la libertad se exprese de forma contingente en cada persona, y que acorde con la estructura particular de su cerebro la exprese de una u otra forma.

La naturaleza humana no es común a todo lo humano, no consiste en un enanito o alma que todos los hombres, sin distinción, poseemos en nuestro interior y que mueve nuestros hilos, sino que los hilos y la máquina que nos mueve han sido fabricados específicamente a lo largo de la experiencia individual de cada sujeto. Recordemos que el ser humano es la especie que se construye. Cada persona ha estado sometida a un determinado proceso de subjetivización que la ha creado socialmente.

Por esta razón, la radical y máxima libertad que hemos de buscar debe intentar salir del marco concreto donde el poder nos ha construido acorde con su concepto de libertad. En particular, cada sujeto sólo puede aspirar a la máxima libertad si es capaz de criticarse a si mismo, de atacar su propia estructura pensante, en cuanto ésta ha sido en parte creada por la autoridad vigente, y por tanto, de plantearse un cambio activo de su vida y de las experiencias y percepciones a las que desea exponer su cuerpo y su mente para transformarse en un ser deseante distinto al que es en la actualidad.

Sin embargo, el hecho de que cada uno de nosotros nos hayamos construido en un determinado ambiente no nos convierte en esclavos de nuestro propio ser, a menos que lo aceptemos acríticamente. La libertad siempre se realiza contra algo que se resiste a ceder, en conflicto con la estructura de poder que nos limita y que a su vez nos fabrica de una determinada forma. Esto último provoca que sea difícil asumir de forma rebelde y activa nuestra situación actual de libertad, porque en cierta manera todos estamos dominados por algo que está inscrito en nosotros mismos, en nuestra misma forma de pensar, razonar y desear. En suma, siempre la autoridad ha pretendido que los súbditos o los ciudadanos deseen libremente lo mismo que el poder quiere que deseemos para perpetuar su dominación. Pero lejos de ser éste un proceso consciente de aceptación de consignas, se trata de una creación material de nuestros cerebros a través de la experiencia y el aprendizaje, porque no de otra forma el ser humano como especie construye su mente plástica y dinámicamente en relación al sistema perceptivo en el que cada persona evoluciona y se desarrolla.

Hemos sido fabricados para ser ciudadanos libres del capitalismo y de sus democracias parlamentarias. Cada cual en un lugar de esta inmensa red de dominación por el voto y el dinero. Hasta la misma crítica que podamos realizar de este sistema de dominación la tendemos a confeccionar con las mismas palabras, conceptos y razonamientos que el sistema vigente ha materializado en nuestros cerebros. Pero asimismo poseemos una experiencia concreta que nos pertenece y que también nos ha construido, una libertad que si bien siempre se enmarca dentro del sistema, puede también moverse por entre sus fisuras, y sobre todo, poseemos nuestra imaginación, la capacidad para abstraernos, para soñar, para elevarnos por encima de las contingencias y poder crear otros mundos, componer otras situaciones, para desear exponernos a otras experiencias y percepciones que a su vez nos pueden ir fabricando como seres cada vez más libres al margen y en contra del sistema.

Todos tendemos a ser cómplices de lo que nos limita y nos ata. Y acorde con ello, elaboramos todo un edificio justificativo y autocomplaciente acerca de lo que somos, cómo actuamos y qué deseamos, en suma, sobre cómo materializamos nuestra libertad. No se trata, claro, de fustigarse por ello, y menos aún, de aceptarlo como una orden divina. Pero también es verdad que si somos capaces de sobrevivir y alcanzar un determinado nivel de bienestar se debe a que actuamos acorde con una estructura de producción y distribución de la que formamos parte y de la que no podemos escapar fácilmente. Nuestra vida depende de ello, de que hayamos naturalizado como una esencia del ser humano a la persona concreta que ahora somos y que ejerce su libertad en el marco del capitalismo y de nuestra posición concreta dentro de su estructura social y económica.

Quizás el sentimiento que más capacidad posee para que deseemos cambiar nuestro entorno y con él a nosotros mismos, sea la toma de conciencia acerca de la injusticia, de la explotación, en suma, de la desigual distribución de la libertad en nuestra sociedad, y con ella, del bienestar y de sus diferentes materializaciones. También la constatación de los dispositivos de control y seguridad con que el poder nos vigila, nos coarta y nos domina, porque no lo olvidemos, la dominación la tenemos interiorizada en nuestra mente, pero no es total, ni mucho menos, y por ello, esa cibernética de dominación en que todo sistema político consiste, posee líneas de fuga, crisis y rebeliones, o comportamientos incoherentes con su equilibrio, y que deben ser atajados con una violencia que muchas veces no advertimos o no deseamos ver.

Ambas cosas, la desigualdad y los mecanismos de perpetuación de la explotación y de las desviaciones mediante la violencia, creo que son los dos elementos que pueden desencadenar el deseo de convertirnos en otras personas, de fabricarnos de otra forma, de autoconstruirnos con más libertad para aspirar a más libertad. Es el hecho de la injusticia soportada sobre uno mismo y la constatada en los seres que me rodean la que posee la enorme capacidad de empujarnos a la rebeldía, pero no de una forma meramente reactiva, sino de una manera más profunda, convincente y efectiva, y que consiste en fabricarnos para la nueva sociedad, en someternos a un proceso de aprendizaje y experiencia individual y comunitaria que transforme nuestros cerebros a través de un nuevo marco perceptivo.

Realmente el miedo a la libertad consiste en el miedo a mirarse y comprobar que no somos más que un reflejo del mundo en el que hemos crecido. Cegarnos ante esta evidencia y contentarnos con la situación, supone el engaño más extendido a lo largo de la historia humana, la base sobre la que se han erigido todos los despotismos y desigualdades, porque la conversión en natural de cada una de estas realidades individuales y contingentes, la cristalización en una especie de esencia humana de todas estas construcciones sociales que somos cada uno de nosotros, transforma la injusticia en algo también natural, ineludible, intrínseco al ser humano y a cualquier contexto social.

Por ello resulta imprescindible estudiar cómo hemos sido construidos socialmente, analizar cómo esa cosa contingente y original que somos cada uno de nosotros se ha ido fabricando en y por la sociedad en la que hemos convivido. Con objeto de detectar los elementos de dominio, las construcciones mentales que nos fabrican como seres dominados. Constatar que la historia de la humanidad no ha sido otra cosa que la sucesión de diferentes construcciones humanas, y que por tanto, que somos libres de ser otras personas y de fabricar otro mundo acorde con ello, que nuestra libertad no está de hecho limitada por las instituciones y los sistemas, sino por nuestra capacidad para transformarnos a partir de las situaciones de hecho que definen lo que actualmente somos.

El “Ensayo sobre las dos ruedas” como artesanía cognitiva

Los materiales que estoy publicando en ruivaldivia.net forman parte de un proyecto más global, al que he calificado como Artesanías cognitivas para el procomún.

Uno de estos proyectos, que denominé como Califactos, se materializó el año pasado, gracias a un crowdfunding exitoso que consistió en la fabricación de calendarios 2017 y tarjetas de felicitación. En el preámbulo de este proyecto de micro-financiación comunitaria afirmé:

Si pensamos en un artefacto poético que sea capaz de integrar una imagen pictórica y caligráfica, e incluso un sonido, tendremos un CALIFACTO, un término que no está patentado (ni lo estará) y que me resulta útil para mostrar este producto tan peculiar, estas artesanías de la imagen y de la palabra para el pro-común, y cuyo nombre viene de aunar CALIgramas y arteFACTOS.

Trato, por tanto, de crear artefactos que provoquen una experiencia artística y política, que coloquen al intelecto en predisposición de atender y percibir, con finura y sensibilidad, la realidad que nos rodea. Pretendo despertar signos precursores para la acción. Y en este caso ha sido la bicicleta, ese artefacto tecnológico tan simple y tan provocador, el que me ha servido para armar a su alrededor un mundo de experiencias y de propuestas.

En este empeño cuento con la colaboración y el apoyo de la cooperativa El Arte de las Cosas, de la que formo parte, y en la que un grupo de personas entusiastas y comprometidas estamos intentando poner en práctica proyectos creativos e innovadores. El “Ensayo sobre las dos ruedas” forma parte de este proyecto cultural y vital más amplio en el que intentamos montar un dispositivo comunitario para la fabricación de cosas con sentido, un proceso común de aprendizaje en torno a esa matriz que es la Sociedad Cooperativa de las Indias Electrónicas.

Purcell y compañía

Tras la revolución inglesa encabezada por el radical y puritano Cromwell, la restauración monárquica inglesa intentará recuperar con boato y lujo el arte musical prohibido por los republicanos. La música de Purcell es la que mejor representa este momento histórico de legitimación de los viejos tiempos monárquicos. El pulcro y soberbio grupo Les Arts Florissants, dirigido por W. Christie, nos ofreció ayer un verdadero jardín de voces a la inglesa, una selección de fragmentos operísticos seleccionados por tratar sobre los misterios de la música (la primer aparte del concierto) y sobre la noche de los placeres (la segunda). Las seis voces solistas fueron los jóvenes galardonados de la octava edición de Le Jardin des Voix, que no sólo nos deleitaron con su magnífica interpretación vocal, sino también por la versión semiescénica que llevaron a cabo bajo la dirección de Sophie Daneman.

Este texto anónimo cantado ayer quizás pueda sintetizar un poco lo que pudimos presenciar:

La música divina que viene de los alto,
cuyo tema sagrado a menudo es el amor
trae con ella armonía del cielo,
conciliando sus melodías en dulce acuerdo,
y aún así, es injusto su error
de llamar al deseo amor.

Por Cádiz

¡Que se puede añadir sobre esta ciudad tan entrañable! Nada. Sólo experimentarla una vez más, que fue exactamente lo que intenté hacer durante este fin de semana tan musical y humano que he compartido con tantos amigos y emociones musicales.

El viernes, el Trío Arbós y el cantaor Jesús Méndez repetían el concierto que nos ofrecieron hace unos días en el ANM de Madrid. Aquí, en la catedral del flamenco, el público recibió esta propuesta tan arriesgada con auténtica devoción, y asumió el reto de fundir el flamenco y la música clásica con verdadero fervor. Lo que demuestra que la contaminación entre géneros resulta valiosa cuando se acomete con inteligencia, respeto y unas buenas dosis de riesgo y originalidad.

Como todos saben, el músico austriaco F.J Haydn escribió para Cádiz, y en concreto para la cofradía del Oratorio de la Cueva, el cuarteto de cuerdas sobre las Siete Últimas Palabras de Cristo en la Cruz. Ese mismo recinto fue el lugar en el que el pianista Yago Mahúgo nos dedicó una versión para pianoforte de tan especial obra, una partitura recuperada de la Catedral de Salamanca y que el pianista madrileño nos ofreció dos veces seguidas con gran generosidad, con objeto de poder atender la demanda de público que desbordó el reducido aforo de esta iglesia. La versión para pianoforte destaca por su dulzura, delicadeza y honda devoción. Una partitura cuya aparente sencillez puede confundir, pero en la que el intérprete debe vaciarse para expresar las sutilezas de la expresión. En esta ocasión Yago Mahúgo nos brindó una experiencia íntima, sosegada y muy contenida que brilló por una emotividad a la que el público respondió con calor y respeto.

Y en las antípodas de esta última experiencia, la que nos ofrecieron las 12 compositoras cuyas obras se estrenaron el sábado por la noche en el Gran Teatro Falla de la capital gaditana. En esta ocasión las obras fueron compuestas para una muy espacial formación instrumental, para dos pianos y percusión, en torno a la sonata que Bela Bartok compuso en 1937 para tan singular conjunto, y que también fue interpretada en este concierto, a  cargo de Emanuela Piemonti y Lola Gaitán, pianos, y el conjunto de percusionistas Música Viva, integrado por Carolina Alcaraz y Verónica Cagigao. Todas las obras fueron reunidas bajo la sentencia horaciana del Carpe Diem, y tanto por la calidad de las obras como por la alegría y expresividad con la que fueron interpretadas, los asistentes pudimos disfrutar realmente del espíritu del “vive el día, captúralo y no te fíes del mañana”.

¿Cómo adquirirlo?

Para adquirir el “Ensayo sobre las dos ruedas” puedes acudir a las siguientes librerías:

Los pedidos también se pueden hacer directamente al autor en la siguiente dirección: 10milesa40@gmail.com

  • Indica, por favor, tu nombre, dirección postal, teléfono y número de ejemplares. Y elige entre entrega personal o por correo.
  • Si eliges por correo,  realiza una transferencia por el importe total a la siguiente cuenta (indicando tu nombre en el concepto):

El Arte de las Cosas sociedad cooperativa

ES11 2100 4278 86 2200208641

  • Y envíame al anterior email la copia del recibo. Gracias.

El precio de cada libro es el siguiente:

  • Entregado en persona: 12 euros
  • Enviado por correo nacional: 15 euros
  • En librerías: 15 euros

 

Presentaciones donde puedes obtener también el libro, firmado por el autor:

Capitalismo y música

Resulta sorprendente, y arriesgado, que un concierto de música clásica se anuncie con este título: capitalismo. Pero ayer en Madrid CentroCentro así fue, el pianista Ricardo Descalzo nos ofreció un extraordinario concierto de música actual desde muy variados estilos, y se supone que aunadas por la crítica o visión que del sistema capitalista realizaba un narrador, el compositor Jorge Fernández Guerra.

No creo que para fabricar un arte político tenga que hablarse de política, pero comprendo la dificultad que hoy tenemos los que amamos la música y las experiencias sonoras, de que las interpretaciones de música “seria” contemporánea posean vida, es decir, sean capaces de conectar con los imaginarios de muchas más personas, la extraordinaria dificultad que posee el formato de concierto de música clásica para hacer vital la música actual, dotarla de un sentido transformador de las conciencias. Resulta evidente que ya casi nadie pretende con el arte reflejar el mundo, sin embargo, muchos estaríamos de acuerdo con la segunda parte de la frase de B. Brecht, que el arte no es un espejo del mundo, que aspira, en cambio, a romperlo y volverlo a fabricar. Pero fundir el formato conferencia con la música no creo que sea una buena idea para ello, a pesar de las cosas interesantes que se pueden escuchar.

Reitero otra vez el trabajo tan interesante y entregado que está realizando Ricardo Descalzo, del que es buena muestra su biblioteca de música contemporánea para piano. Un intérprete que sabe dar vida y emoción a sonidos inverosímiles. Bravo.

Como ejemplo, esta obra de Toshio Hosokawa, sobre la que Ricardo nos dice lo siguiente:

Es una obra de contrastes extremos. Si no puedes escucharla a un volumen considerable, la audición no tiene sentido, porque solo oirás los sonidos fuertes y ninguna resonancia. Si hay ruido ambiente tampoco podrás disfrutarla en condiciones. Es una música que hay que degustarla en óptimas condiciones de audio y sin interrupciones, pues debe su poderío y su fascinación a la forma en que ordena los elementos y juega con las energías y los tiempos.

Ensayo sobre las dos ruedas

Sobre el autor

Si le echáis un vistazo a mi blog, ruivaldivia.net, comprobaréis que me dedico fundamentalmente a escribir ensayos y textos sobre temáticas tan variadas como la bicicleta, el arte, la ciencia política, el agua, la filosofía, el deporte, la poesía ilustrada (Califactos), la música o la nutrición. En fin, unas 500 entradas que lejos de definir a una persona muestran una trayectoria, un devenir, una vitalidad errante o nómada que siempre ha deseado compartir, con la aspiración íntima de formar parte de comunidades de reflexión, arte y acción.

Mi formación profesional la veo ya tan lejana que no merece la pena recordarla, aunque sí diré que siempre he considerado que la creatividad compete tanto a lo racional como a lo sentimental, y que nunca he considerado ciencia y humanidades, técnica y arte, como campos enfrentados, ni separados. Espero que tanto el ejemplo de mi blog, como de este Ensayo sobre las dos ruedas, sea suficiente para mostrar esta vocación integradora.