Eisler y Brecht

Unidos por la amistad, realmente estos artistas experimentaron vidas paralelas. Nacidos en 1898, comunistas, vivieron un largo y penoso exilio hasta que finalmente regresaron a un Berlín muy diferente al que habían conocido en el período de entreguerras. Ayer el barítono Matthias Goerne nos cantó, entre otras obras alusivas al exilio y la locura, una selección del cancionero de Hollywood, compuesto por Eisler como una medicina autoimpuesta ante la amargura de tener que residir en aquel  ambiente tan frívolo y ajeno, utilizando fundamentalmente unas poesías que B. Brecht había compuesto desde su exilio en los países nórdicos, pero también las cinco elegías que Brecht escribió en Los Ángeles:

Esta ciudad me ha enseñado

que paraíso e infierno

pueden ser una misma ciudad.

Para quien carece de medios

el paraíso es el infierno.

Quizás las partes más estremecedoras sean aquellas en las que ambos exiliados aplauden y lloran a la vez por los bombardeos aliados contra sus queridas ciudades:

Mi ciudad natal, ¿cómo me recibirá?

Delante de mí llegarán los bombarderos.

Enjambres mortales os anuncian mi regreso.

El fuego en celo desatado

precede al hijo.

Eisler también recalaría en ese Berlín fantasmagórico tras haber sido deportado por el Gobierno de USA tras los juicios del comité de actividades antiamericanas. Y a su vez en Alemania Oriental, tras haber compuesto su himno, volvió a padecer persecución por su música y su actitud poco claudicante.

En fin, música de una época que conviene tener presente y no olvidar del todo.

El recital acabó con uno de los últimos lieder de Schumann, “Canción nocturna”, un bálsamo realmente íntimo con el que conseguimos cicatrizar algunas de nuestras heridas:

Deshazte, corazón, de cuanto te duele

y de cuanto te da miedo.

 

 

 

De lo clásico y la memoria

Hemos interiorizado hasta tal punto la veneración por lo clásico que cualquier acto pasado que haya supuesto la transformación, modificación o no digamos, destrucción, de cualquier parcela de la historia del arte o de una ciudad nos parece un auténtico sacrilegio

Llevamos más de 200 años mimando y alabando la memoria, almacenando los objetos valiosos de la tradición, conservándolos en museos y bibliotecas, cuidando y protegiendo nuestro patrimonio arquitectónico y arqueológico. Incluso nos hemos convertido en buceadores de la historia, de lo valioso del pasado para recuperarlo del olvido, ya esté debajo de las piedras o almacenado en cualquier archivo o estantería abandonada. Somos una cultura que no sólo valora el pasado, sino que intenta preservarlo original, mantenerlo lo más fidedignamente parecido a cómo era cuando fue construido. Deseamos saber todo sobre la vida de los artistas, sondear en sus cartas, en los aspectos más íntimos de la existencia de cualquier personaje o hecho que hayamos definido como histórico o valioso. Las efemérides copan absolutamente todas las fechas del calendario. Y es tal ya la densidad de pasado que deseamos conservar y recordar, que a muchas personas apenas les queda tiempo ni ganas de querer experimentar algo diferente, aun cuando se diga que nuestra civilización está en continuo movimiento y renovación.

Hemos convertido el pasado en una losa. No porque queramos recordar y conservar el conocimiento valioso, sino porque lo que en verdad festeja occidente de su pasado es querer convertirlo en una reliquia, en un objeto clásico y sagrado que hay que mantener como si fuera la materia prima o la esencia de la que siempre hemos de beber, el origen que siempre hay que tener presente para que continúe nutriendo nuestro espíritu, saber y estética, de aquí a la eternidad.

Evidentemente, el ser humano es un animal histórico. Pero nosotros hemos transformado la historia en patrimonio, los monumentos del pasado en recuerdos congelados que hay que mantener como recuerdo y como capital para la economía y para las generaciones venideras. Hemos interiorizado hasta tal punto esta veneración por lo clásico que cualquier acto pasado que haya supuesto la transformación, modificación o no digamos, destrucción, de cualquier parcela de la historia del arte o de una ciudad nos parece un auténtico sacrilegio. Quién no ha llorado cuando el guía nos afirma que para construir la catedral gótica que estamos visitando se tuvo que demoler la anterior románica. No podemos entender a tantos antepasados nuestros que hayan cometido el sacrilegio de fundir joyas para hacer otras, reutilizado sillares, demolido obras excelsas de la historia del arte para fabricar otros objetos, o que simplemente hayan dejado que el olvido y la incuria del tiempo los deteriorase o destruyese.

Pensemos en cualquier sonata para piano de Beethoven, por ejemplo, “Claro de luna”. Llevamos más de doscientos años reproduciéndola. Estoy seguro de que no hay minuto en el que en algún lugar del mundo algún pianista no la esté interpretando, algún alumno no esté aprendiendo la técnica del instrumento sobre ella. No digamos reproduciéndose en un dispositivo electrónico. La partitura es la misma que escribió Beethoven, el instrumento en el que la interpretó sigue siendo el mismo, y todos los artistas se afanan en imitar, en recuperar y reproducir el que debió ser su espíritu original, nota por nota. Ese patrimonio musical no existiría si se cortara la cadena de aprendizaje y profesionalización en la ejecución técnica del repertorio clásico. Como afirmaba Harnoncourt, bastarían 25 años de no interpretarse valses para que la filarmónica de Viena ya no pudiera volverlos a tocar como se hacía.

Y yo me pregunto si merece la pena ese esfuerzo. Si no nos estaremos perdiendo algo mucho más grande por actuar de forma tan higiénica y estéril con el pasado. ¿Y si simplemente considerásemos el pasado o las obras clásicas como pura inspiración y material de creatividad, y no nos preocupáramos tanto por mantener el fuego eterno de la tradición y de la cultura? ¿Y si nos pusiéramos simplemente a crear y a fabricar, considerando que lo que realmente posee valor no es tanto el pasado momificado cuanto lo que realmente estamos haciendo ahora y vayamos a construir en el futuro? Sin preocuparnos, a su vez, de que todo lo que creamos deba ser fabricado pensando en la eternidad, con la aspiración de convertirlo obligadamente en una obra clásica del futuro.

Algo similar ocurre con ese artificio que llamamos medio ambiente y el afán tan hipócrita y hasta cierto punto cínico, de conservación. Esa distinción entre lo natural o lo clásico como algo sagrado, y lo nuevo y lo artificial como algo pecaminoso porque sólo ha podido realizarse por haber tenido que destruir o pervertir o simplificar o tergiversar lo natural, lo clásico y la memoria.

En Occidente la memoria ha sido y sigue siendo como el disco duro de nuestro ordenador. El corazón más valioso de todo lo que poseemos, el reducto donde se conserva su información valiosa e inmarchitable. Pero yo prefiero la nube, el flujo constante y libre de los bites del pasado embebidos en las creaciones del presente, un pasado valioso que fuéramos capaces de conservar no por tenerlo materialmente presente como un ídolo, sino porque se encuentra integrado y decodificado en toda nueva expresión de la creatividad humana. Un claro de luna que ya no sonaría como Beethoven lo creó, pero que quizás estaría todavía más vivo y sería más útil y valioso por haber contaminado, como una corriente subterránea y ya irreconocible, las expresiones artísticas de la contemporaneidad, sin necesidad de museos ni de auditorios, ni menos aún de ministerios de cultura.

Recomendaciones de Ruivaldivia para el Domingo 26 de Febrero de 2017

  • Jaqueline Du Pre & Daniel Barenboim
    Apenas 4 minutos informales durante una grabación de esta pareja rotunda y enérgica, y que nos muestran cómo la música se construye en la complicidad y la alegría. Lástima que al poco Du Pre nos abandonara. Nos quedan sus grabaciones llenas de exultante lirismo.
  • Querido Gregory Peck
    Se recuerda la trayectoria humana, política y cinematográfica de este actor, que dejó para el recuerdo su participación en "Matar a un ruiseñor", ese clásico sensible y dramático de la filmografía de todos los tiempos.
  • La invención del patrimonio
    La revista ARBOR del CSIC nos trae un monográfico sobre el patrimonio natural y cultural, analizado desde la perspectiva del constructivismo social y político. Los artículos que se incluyen están animados todos por la premisa de que el patrimonio no es algo dado y preexistente sino un ente construido socialmente. Y en el monográfico se dan las claves de cómo se ha fabricado el patrimonio en España,. el caso particular de Doñana.
  • Boulding: más allá de la economía
    El profesor O. Carpintero nos habla en este artículo del pensamiento de K. Boulding, ese economista original, lúcido y "heterodoxo entre los heterodoxos". Muy recomendable porque su forma de abordar algunos problemas económicos y de decisión política resultan muy útiles también en el momento actual.
  • El glúteo máximo
    Este músculo resulta original del ser humano respecto a nuestros antepasados. Y por una razón, porque somos corredores erguidos. Es uno de nuestros músculos más poderosos, sin embargo, y a consecuencia de nuestra vida sedentario, sólo lo utilizamos para sentarnos en él.

Salonen

Esa-Pekka Salonen se ha convertido en uno de los directores de orquesta más innovadores de eso que se denomina la música clásica o seria: por sus sorprendentes herramientas mediáticas, sus nuevas formas de difusión, por su interés en mostrar las producciones musicales de sus coetáneos y por su propio trabajo como compositor. Ayer asistí al concierto que ofreció con su actual Orquesta Philarmonia de Londres. El programa no me resultó muy motivador. De Ravel, por ejemplo, prefiero su música de cámara, y la suite del ballet Dafnis y Cloe me resulta un punto artificial, de una retórica un tanto fatua y demodé. Pero fue suficiente para percibir el potencial de esta magnífica orquesta para leer partituras exigentes y ofrecer de manera limpia y clara dinámicas fluctuantes y timbres variados. Y la expresividad corporal de Salonen resulta realmente contagiosa, fundida de forma casi mágica con una orquesta volcada en todos sus gestos, matices y explosiones.

Don Antonio Chacón

Ayer tuve la gran suerte de asistir en Las Tablas a la presentación de un libro soberbio que seguro va a hacer historia en el mundo de la música. Se trata de un trabajo prolijo, cuidado, enamorado y meticuloso a partir de las grabaciones de ese protocantaor canónico que fue Don Antonio Chacón. A partir de la colección de cilindros de fonógrafo y de discos de 78 rpm de Carlos Martín Ballester, se ha concitado el trabajo en equipo de una serie de expertos del flamenco y de la edición que ha desembocado en este monumento de obra que ayer se presentó.

Del  maestro Chacón y de los eminentes guitarristas que lo acompañaron nace la sabia del flamenco “moderno”, y este libro además de explicar cómo se ha realizado la recuperación fonográfica, delimita muy claramente los aportes de este cantaor y del entorno en el que desarrolló su arte. Llama la atención su voz portentosa y cuajada de armónicos, su entonación y dicción colocadas y claras, y el esmero y cuidado con que seleccionaba las letras. Valga de ejemplo el poema de esta malagueña que me llegó al alma:

Que tienes por mi persona,

a qué niegas el delirio

que tienes por mi persona,

le das martirio a tu cuerpo

y tú te estás matando sola

y yo pasando tormento.

Ofrenda musical

A Federico “el grande” de Prusia se le recuerda, sobre todo, por haber invitado un día a J.S. Bach a su palacio de Sanssouci, y haberle puesto a prueba en la improvisación de una fuga a seis voces sobre un tema que el mismo rey se había inventado. Bach estaba ya viejo, casi ciego y parece que no logró impresionar a su anfitrión. A su vuelta a Leipzig, compuso este testamento que es su Ofrenda Musical, basada toda ella en el tema regio, y con la inclusión de un ricercare a seis voces que ayer fue interpretado con verdadera sensibilidad y maestría por el clavecinista neoyorquino K. Weiss. Le acompañaban la jovencísima violinista ibicenca Lina Tur Bonet, el violonchelo del italiano M. Testori, y la flauta del francés A. Kossenko. Durante todo el concierto fueron alternándose en los arabescos contrapuntísticos que Bach elaboró a través de cánones y fugas de una intrincadísima originalidad. Y sobre todo en la gran sonata a trío, un monumento a lo que significó la sonata barroca.

Al finalizar nos reunimos con el poeta Antonio Colinas (Premio Nacional de Literatura 1982), con quien Lina Tur había colaborado en algún recital de poesía musical.

Quédate aquí, no partas en la noche:

se encenderán las lámparas, lucernas

del olvido, y se irán deshaciendo las penumbras

del vano pensamiento.

No busques en la noche lo que tienes

en tu interior, posado en la palma

tendida y abierta de tu mano,

con la que ya me estás diciendo adiós.

En fin, una velada agradable y emocionada.

 

Recomendaciones de Ruivaldivia para el Miércoles 22 de febrero de 2017

  • El domino .ART
    Resulta sorprendente que este domino apenas se haya utilizado. Pero ahora mismo INTERBRAND, aprovechando el inmenso mercado que existe alrededor del arte ha lanzado una propuesta de domino y de monopolio sobre él que ya incluye a prestigiosas instituciones, museos, casas de subastas, fundaciones, estrellas, creadores, etc.
  • XXVII FESTIVAL DE ARTE SACRO. Del 2 de marzo al 7 de abril de 2017
    Estamos habituados a que los festivales de música sacra de Semana Santa se centren en la tradición de programar el mismo estilo de música serio y místico. Pero esta propuesta que realizan los Teatros de Canal me parece más abierta y diversa, y da cabida a abundante material alternativo y a proyectos artísticos aparentemente ortodoxas, pero presentados de forma diferente.
  • Sobre cómo se creó un icono: la mascota de Kellogg's Tigre Tony
    La gran multinacional de los cereales se identifica con este tigre desde los años 50 del pasado siglo. Aquí se puede ver la evolución de la mascota y cómo una marca se vincula con un icono y con un "espíritu" fácilmente identificable.
  • ¿Por qué es tan aburrido nuestro trabajo?
    Algunas claves para entender lo aburrido, por no decir sórdido, de muchos trabajos. Quizás la clave sea encontrar diversidad y no caer en las redes de la monotonía y de la excesiva especialización.
  • La vida apasionada de Sofía Kovalevsky
    Sofía, una enorme matemática rusa de etnia gitana cuya vida y obra merece conocerse. Vale la pena leer sobre la lucha de esta mujer por conciliar la vida afectiva y familiar con su gran pasión por las matemáticas

Sokolov

Dicen que es el mejor pianista vivo. Afirmar esto de un artista o de un intérprete siempre me ha parecido una impertinencia. ¿A qué debe aspirar el público cuando sabe que va a escuchar al mejor pianista? ¿Qué récord debemos esperar? Yo deseaba escuchar las sonatas 27 y 32 de Beethoven, rara avis que cuenta cada una de ellas con tan sólo dos movimientos inusitadamente extensos, y que Sokolov interpretó sin pausa como si fuera una inmensa sonata de cuatro movimientos y más de una hora de duración. No  sé por qué se las sigue llamando sonatas, porque ni estructural ni formalmente lo son, y por ello los pianistas deben esforzarse en ofrecerles una coherencia y una estructura que en el original no aparece de forma clara ni muy explícita. Más que en los detalles o en la dificultad técnica, el reto reside en comenzar a tocarlas sabiendo cómo van a acabar. Estas últimas sonatas de Beethoven inciden en las formas fugadas y en las variaciones. Logra aquí el músico alemán aquello en lo que su antecesor Bach fue un consumado experto, en ofrecer variedad o diversidad en la monotonía, en conseguir mantener la atención del oyente a pesar de las innumerables repeticiones de los temas.

Experimentos con el dibujo

A veces miro este libro y hago prácticas de dibujo: garabatear, gesticular, modelar, trazar, abstraer, imaginar, fragmentar, manchar, deformar, exagerar, ocultar. simbolizar, deconstruir, sugerir, etc. Me gusta la filosofía de aprendizaje que lo anima: “el mundo académico trata el dibujo como una disciplina artística, no como un lenguaje (…) aquellos que quieren aprender siguen el camino de la autoayuda. En su vocabulario, sustituyen el verbo enseñar por el verbo descubrir”.

También afirma lo siguiente:

En términos de dibujo, debemos sustituir la idea de hacer algo ‘de forma correcta o incorrecta’ por la de experimentar (…) a la hora de dibujar, la palabra ‘correcto’ es sinónima de ‘elocuente’.

Las personas que dibujan de forma más consciente evalúan lo que perciben utilizando el pensamiento visual. Aquellos que dibujan no sólo emplean sus ojos sino también el resto de sus sentidos para ‘ver algo’ (…) Las líneas, contornos y matices nos ayudan a completar lo que está delante de nosotros creando una realidad que no existe -es decir, que no quiere parecerse exactamente a algo- pero que parte de otra motivación: crear algo que no existía previamente.